Dignidad

No tengo dignidad. El ser humano para tener dignidad debe renunciar a tener deseos.

2 comentarios:

jinquer dijo...

Del apego surge el deseo, del deseo la pasion, de la pasion la insesatez, de la insensatez la apetencia sin freno. De la desenfrenada apetencia resulta el olvido, del olvido la falta de discernimiento, perece el hombre.
Bhagavad Guita

Debimos nacer mujer, Joan, debimos nacer mujer.

Eso de la dignidad es una patata para comérsela con pollo.
Es una especie de válvula de seguridad en la simulación cotidiana.

La dignidad es un tema aparte. Por ejemplo, el caso de Libia me cabrea a mí, indignar nos indigna a todos, es decir nos hace indignos, y como diría la ley, "la no participación del crimen, siendo consciente de él, en algo nos toca, de pena, somos penados.

Ahora que también recuerdo aquel otro libro de Pico de la Mirandola (joder!, no recuerdo donde va la tilde, si es que lleva)
Pero esto de internete, es para pasar el ratete, el rato, o el ratón.

abra zoos

Joan Feliu Franch dijo...

Quizá, querido Jinquer, debí decir que los hombres no estamos preparados genéticamente para alcanzar la dignidad, por lo que tú dices, los deseos nos lo impiden y a la vez nos dan la categoría de humanos. Así pues, la humanidad es inversamente proporcional a la dignidad, lo mires como lo mires, mirándolo, mirándola o Mirandola. Y no dudes que si hubieses nacido mujer te hubiera echado los trastos.

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