Mi cabeza echa humo, versión de Jinquer

Como sabía que a Jinquer le había gustado el tema le regalé el telegrama para que lo usara para lo que quisiera. En un comentario a esa entrada lo ha continuado, y no me resisto a dejároslo leer a todos (en cursiva mi texto, seguidamente el de Jinquer)

Tanto pensar, tanto pensar. Mi cabeza echaba humo. Pero literalmente, finas columnas de humo salían de entre mi pelo y ascendían hasta el techo de la habitación. Al principio me preocupé, pero luego oí en la radio que le estaba pasando a varias personas. Parece ser que la desocupación producida por la crisis había hecho que muchos se pusieran a pensar, y claro, con la falta de costumbre, las cabezas estaban que echaban humo.
Los primeros meses era algo curioso ver a alguien echando humo por la calle y pensar: mira, uno que va pensando. Y claro, inmediatamente ponerte tú también a echar humo al pensar que el otro pensaba.Los problemas aparecieron cuando en algunos lugares concurridos como las oficinas del paro, bares y parques, la atmósfera comenzó a ser irrespirable. Además, dependiendo de qué pensaras, el humo olía de una forma u otra, con lo que algunos comenzaron a quejarse del olor de los pensamientos de otros. Tu forma de pensar no me huele bien, decían.Hubo quien dijo que por el humo se podía reconocer si quien pensaba tenía una nacionalidad u otra, incluso si pensaba en un idioma determinado, con lo que comenzaron a aparecer guetos de pensadores minoritarios.Al final el gobierno tomó cartas en el asunto. Se prohibió pensar en bares, restaurantes, hospitales y centros de trabajo que fueran espacios cerrados. Igualmente se prohibió pensar en colegios y universidades, así como en su entorno y en el de parques infantiles, para preservarlos de pensamientos.Hoy, si quieres pensar, tienes que salirte a la calle. Algunos bares han instalado mesitas en la calle para pensar.

Fue uno de los efectos del 21/12/2012. Los mayas habían aventurado un cambio, pero nadie pudo imaginar que las ideas, los pensamientos, se harían visibles. Visibles y molestos, las malas ideas pululaban por doquier, eran malas porque apestaban. El juicio individual ante las personas comenzó una vorágine de introspección que resultó ser el mejor remedio para todos los males de la humanidad.
Los malvados no podían esconderse en ningún lugar, ni siquiera entre ellos, era apestoso, un ambiente irrespirable. Un malvado en una habitación cerrada era hombre muerto, moría entre sus propios efluvios como sumergido en una fosa séptica.
Ninguna religión fue precisa, todos intentaron cambiar sus pensamientos, sus ideas, por una mera cuestión de supervivencia.
Los humos negros eran los mas pestilentes, y los blancos, como nubes de algodón, los más imperceptibles, pero en medio estaban toda la gama de colores, los rojos iracundos y los azules tranquilos, cada uno con su propio olor, visible, desde lejos, sin posibilidad de engaño.
El sistema de Justicia sufrió una convulsión. Los abogados, fiscales, testigos, acusados, todos reflejaban por color y olor cuando mentían. Y los jueces fueron los primeros en observar los procesos de la sala desde un lugar oculto para todos. Pero pronto este privilegio fue requerido también por los fiscales, y luego por los abogados, y entonces la opinión pública dedujo que tanta farsa era innecesaria. El sistema judicial colapsó.
Los notarios sin embargo tuvieron su trabajo mucho más fácil, herederos, testadores, compra-ventas, fundaciones ... a todos se les veía literalmente "el plumero" emergiendo de sus cabezas.
El reino del ser humano viviendo en la mentira se acabó de manera natural y bastante rápida.
Algunas personas intentaron inventar algo para poder seguir con su maldad sin que el resto lo viera, pero fracasaron.
Durante el mes de enero del año 2013, todo se derrumbó como si de una demolición controlada se tratase, planta por planta, a velocidad de caída libre, levantando una polvareda mayor que la de las Torres Gemelas once años atrás.

1 comentarios:

NIKA CALVO dijo...
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