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El éxito de los malvados


Según un gran hombre, un visionario místico de nuestro tiempo (vamos que lo he leído en internet y no me acuerdo ni dónde ni a quién), la humanidad se divide cuatro grandes grupos: inteligentes, estúpidos, malvados e incautos.
Los inteligentes, cuando hacen una acción, se benefician a sí mismos. Por ejemplo, si dos inteligentes hacen una paella, se la comen entre los dos.
El malvado, cuando hace una acción, se beneficia a sí mismo pero reporta pérdidas al resto. Por ejemplo, si dos hacen una paella, el malvado se la come cuando el otro no mira y el otro se queda con hambre.
El incauto cuando hace una acción sufre una pérdida pero reporta un beneficio al resto. Por ejemplo, si dos hacen una paella, el incauto deja que el otro se la coma y se queda con hambre.
Por último, el estúpido, cuando hace una acción, sufre una pérdida y reporta también una pérdida al otro. Por ejemplo, si dos individuos hacen una paella, el estúpido la echará por la taza del wáter y tirará de la cadena.
Eso explicaría que una mayoría de estúpidos e incautos acaben eligiendo una y otra vez a unos malvados para que nos gobiernen.

Hegel y Epaminondas


Dijo Hegel —creo que fue él, pero si no lo fue, que me demande por difamación— que lo único que los hombres aprendemos de la historia es que no aprendemos nunca nada de la historia. Esta paradoja tiene un nombre especial en lógica, es semejante al planteamiento irresoluble de que el ateniense Epaminondas afirme que todos los atenienses mienten. ¿Dice verdad o mentira?. Y con esto doy por satisfecha la dosis anual de erudición pedante e innecesaria.

Hacer planetas


Yo de mayor quiero hacer planetas, dijo el niño. ¡Cuánto daño le ha hecho Nietzsche a la infancia!