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Somnis d'altres

Crítica a l'exposició Somnis d’altres, de Pere Ribera, Marcos Vicent, Roig Planelles i Albert Escrig, organitzada per la regiduría de cultura de l’Ajuntament d’Onda.
La Física ens diu que som éssers materials. I deduïm per aquest motiu estem en un cos i en un espai, i que tot això que som està dins d'un temps, passat el qual, deixem de ser el que som i ens esvaïm. Som cendres, pols que retorna un dia al que va ser. Però les coses, al món de l'art no són tan simples o, almenys, no acaben aquí. Recorden la nena del conte a la qual se li va aparèixer la fada madrina, i la va convertir en princesa? Què no ho creuen? Naturalment que no. I si els dic que aquella nena era una mestra en l'art secret de somiar desperta? Llavors sí. Tots hem somiat, no? La fada madrina és el poder de la imaginació, i en el somni, segur que pot concedir-te tot el que demanes.
Deia André Bretón en el manifest surrealista de 1924 que “el surrealisme descansa en la creença d'una realitat superior de certes formes d'associació no tingudes en compte fins avui, de la omnipotència del somni, del procés desinteressat del pensament. Tendeix a arrasar definitivament tots els mecanismes psíquics restants i a substituir-los en la resolució dels principals problemes de la vida”. No és aquesta una mostra surrealista, però sí té molt a veure amb els somnis. Durant un temps, Pere Ribera va seleccionar a alguns dels seus alumnes/amics més destacats, i cadascun d'ells es va dedicar a pintar com si somiaren, en estils molt diferents, de temàtiques dispars. Però el que fa excepcional aquesta experiència, és que tots van renunciar a la intimitat del seu estudi per compartir les seves diferents maneres d'entendre la pintura, les seves diferents maneres de somiar, i tots van opinar uns d'uns altres, tots es van deixar aconsellar, tots van aportar la seva visió a les obres de l'altre, i tots van pintar com uns altres. I sense renunciar a la particular manera d'entendre el seu art, sense renunciar als seus somnis, van crear un conjunt de pintures unides únicament pel desig d'entrar en el somni d'un altre.
Pere Ribera va mantenir en les seves pintures el seu personal estil, la seva privada simbologia, el seu bon dibuix i la seva excepcional capacitat per captar el volum perfecte amb unes poques llums i ombres, mostrant-nos els seus paisatges somiats, plens de misteris, incògnites… plens de vida.
Albert Escrig va somiar amb la creació d'un nou llenguatge pictòric-musical, d'expressivitat anímica i sujetiva, usant un limitat cromatisme per accentuar la tensió expressiva, com si a través de la música busqués afanyant i de vegades desesperadament una resposta al sentit de l'existència.
José Vicente Roig Planelles va somiar amb un món millor, retratant éssers invisibles marginats per l'edat, la malaltia o la pobresa. La seva pintura serena constitueix un vigorós intent de reflectir la inquietud psíquica del món contemporani. La seva obra és el somni d'un romàntic llibertari.
Marcos Vicent és alhora modern i atemporal, underground i sensual, pop i punk. En els seus somnis va buscar la bellesa en rumbs habitualment més relacionats amb l'estètica del carrer. És potser la pintura del somni més disbauxat i divertit, però està molt bé que tot no siguen malsons.
Aquesta experiència demostra que en la diversitat es troba una motivació constructora i que és precisament aquesta motivació la que genera la materialització de diferents poètiques que van de l'expressionisme al surrealisme, del pop al romanticisme. Cadascun d'ells va aparèixer en el somni d'uns altres, però cadascun d'ells va tenir un somni diferent. Pintar és somiar.
Una exposició comissariada per Joan Feliu (Universitat Jaume I)

Presentación de la muestra aniversario 60 años de lucha contra el cáncer

Si en algo destacan los artistas de Castellón es en su solidaridad. El arte, la cultura y la educación son una de las vías más sensatas y efectivas de realizar un cambio fundamental en los seres humanos para la creación de un mundo más solidario y más justo.
Esta es una muestra de cómo se pueden aunar esfuerzos entre todos, y me permito reclamar una especial mirada del público. Profesionales o no, personas del mundo de la cultura o no, todos debemos estar comprometidos y concienciados de que el trabajo estos artistas no es sólo entretenimiento, sino también compromiso.
Creo que el artista, a través de su trabajo, sus creaciones y su arte, está moral y éticamente obligado a ser portavoz de derechos, defensor de causas. Está obligado a implicarse en todas aquellas causas que reivindiquen un mundo más sensato y más justo.
Dicho esto, creo que hay que pedirle una especial comprensión al público. Muchos dirán, sí la causa es justa, pero qué pesados estos artistas siempre pidiendo, cuando en realidad es a ellos a los que se les pide. Y se les pide mucho más que una obra.
Porque el artista no ejercita su trabajo y pinta un cuadro y ya está. Asistimos demasiado acostumbrados a una presencia dominante del hecho artístico como algo que se nos impone naturalmente. Y el artista no sólo pinta o esculpe, el artista piensa. Y cuando quiere comunicar una cosa a través de su expresión, lo hace con una motivación determinada. Así que cuando se le dice, déjanos una obra, no es déjanos algo que hayas hecho, sino déjame una propuesta de lo que quiero trasmitir. Y el artista, solidario, no sólo lo deja, sino que se desliga de su función, de lo que quería trasmitir, para dejar que su obra se descontextualice y aparezca colgada no sabe de qué manera, en qué pared o acompañada de qué otra obra.
Espero que el público reconozca eso. Quizá aquí haya artistas que no les importe, pero también sé que los hay a los que les importa y mucho, y eso es generosidad. Y espero que el público lo sepa apreciar. Apreciar el gesto. Y seguro que hay gente que no está de acuerdo, pero como estoy hablando en mi nombre y no en representación de nadie, permitidme que os de mi opinión. Porque en el «todo vale» que parece ya instaurado en Castellón, habría que reconocer como un arte diferenciado a aquel que se produce a partir de una reflexión y una crítica frente a un mundo organizado desde presuposiciones de estabilidad, o  de la economía. Quiero decir que es muy loable, altamente loable que se reúnan tantas obras en una exposición benéfica, pero la gente debe saber que lo es más cuando el artista está renunciando no solo a unos euros, sino al arte tal y como él lo entiende. Espero ver más muestras como ésta, y también espero que estas muestras benéficas sean las únicas de esta categoría, y que luego los artistas eviten las producciones que buscan generar consenso y se lancen a hacer un arte que explore críticamente sus propios límites y que cuestione la noción misma de arte.
Felicidades a la Asociación por 60 años de lucha, espero que no volvamos a vernos en otra celebración así porque el cáncer tenga una fácil cura y no haya ya que luchar tan valientemente.

Inicio de un debate abierto sobre el arte contemporáneo.

Admiramos a los artistas que crean más por la necesidad de sentir y contemplar algo, y menos por una necesidad de crear algo. Al fin y al cabo, ¿por qué crear? No por el deseo de que la gente piense que eres listo, ni siquiera que eres buen artista. Crear por deseo de acabar con la soledad, crear como divertimento vital. Las obras de arte disminuyen la soledad de la gente sólo si la hacen pensar.
Se dice que en las inauguraciones de exposiciones siempre te encuentras a las mismas personas, y en gran medida es cierto. Es algo que debería cambiar si fuéramos conscientes de la utilidad del arte para la madurez general de la persona. Si la meta antropológica es la presencia de sociedades de individuos equilibrados, la experiencia artística debiera contribuir a lograrlo, estimulando a pensar, a ejercitar aspectos de la corporalidad, a generar y disfrutar con emociones individuales y sociales a la vez. Desde el punto de análisis de la actividad neuronal, la creatividad es un factor de reforzamiento de la salud. Actividad neuronal es salud neuronal. Cuidemos nuestra salud.
Entre tanta producción artística, lejos de catalogar y poner límites basados en la capacidad técnica, el virtuosismo o cualquier otra regla seudo-objetiva, nos interesa especialmente aquello con lo que te acercas a la creatividad y el ingenio. Creemos que lo blanco o lo terriblemente negro del principio de la creación artística, lo vacío e indeterminado, lo inicial, el punto de partida, lo meramente potencial, el silencio y la distancia deben incitar la creatividad. Creemos que el horizonte inabarcable no provoca vértigos, sino que fustiga al artista.
Queremos arte para enseñar que el infinito es hermano del azar, y que los dos miden nuestra ignorancia acerca del funcionamiento del mundo. Queremos obras de arte que reduzcan nuestro analfabetismo cósmico y humano, diluyan nuestro tedio, nos mantengan en conversación con otros seres humanos.
Creemos en la disrupción de lo artístico y lo visual. Incorporar al arte algo más, algo que entre por los ojos, y que complete sin desequilibrar el mensaje de la obra. Queremos obras de arte en las que el demonio haya tocado a las puertas de La Torre de Cristal.
Queremos espectadores atentos a lo desconocido que llama a su puerta. Queremos obras de arte que nos hagan soñar. Es tan simple como soñar sabiendo que los sueños no son una ciencia exacta.
Defendemos el arte como ingenio inteligente que nos enseñe a vivir jugando, a conseguir la libertad. Inteligente, hemos dicho bien, pues el arte debe ser el cauce de la rebelión de la inteligencia que quiere dejar de ser seria para huir de la servidumbre de la lógica, del sentido común. La inteligencia al hacerse ingeniosa se vuelve lista. Decía Sartre que cuando se es serio el objeto domina al sujeto. El serio no tiene conciencia de su libertad; el hombre que juega es libre. El jugador establece las reglas del juego, se libera de las leyes, esfuma la pesadumbre del tiempo.
Huimos de los movimientos artísticos que supusieron un cambio pero no un movimiento sísmico. Huimos antes que nos succionen, que nos lastren con su gravedad. No queremos ser espectadores, queremos jugar, no ver como otros juegan.
Anhelamos artistas modernos, investidos de dignidad profética, predicadores de la muerte del maestro, creadores de vacíos, liberadores de vocación, transfiguradores de lo minúsculo, conseguidores de grandes efectos con elementos pobres que muestran así claramente su poder creador, desdeñosos de la realidad, los sentimientos y las técnicas porque son opresores en potencia.
Pero no se trata únicamente de sorprender. Cuando la única norma es provocar sorpresa tanto vale lo trepidante como lo aburrido, en la inacabable búsqueda de lo gratuito, de los antiartístico, lo irritante y lo provocativo. Se trata de dar participación al espectador en el juego, por eso no queremos ser meros espectadores. El arte se convierte en juego de la mano del ingenio, lo cual es muy frívolo. Ahora bien, con ello se pretende fortalecer la libertad y eso es muy serio.
Evidentemente, la defensa de este tipo de arte desemboca irremediablemente en la ambigüedad, casi como una categoría estética, porque todo es equívoco, y en que se considere artista todo aquel que el público admita como tal, dado que el fin último de arte no es crear belleza sino libertad.
Quizá en algún momento lleguemos a una utopía de ingenios con artistas libres en un ambiente tolerante, en el que los espectadores, liberados por la desligación de la influencia de todo, se dispongan a probarlo todo. Un momento en que se haya abolido lo trágico y el hombre se haya liberado de casi todos los valores, de las ideologías políticas, de las creencias religiosas y los sistemas filosóficos (que se han vuelto demasiado pesados y nos abruman con sus pretensiones de verdad). Un momento en el que ya no haya que hacerse ilusiones sino vivirlas.
Y entonces caeremos en la cuenta de que si antes no éramos libres, al actuar espontáneamente tampoco lo somos porque la espontaneidad no es más que el determinismo de la naturaleza, y sabremos que de todos modos estamos condenados a ser esclavizadamente libres.
Mientras tanto, divirtámonos.

Stamina

Los italianos llaman stamina a la savia, pero lo interpretan también como algo así como el fuego, la fuerza, el ansia, ese comezón que sentimos por dentro y que es lo que nos empuja y nos permite crear. 
Cuando has perdido eso, lo has perdido todo.
Dedicado a Antonio Arbeloa, galardonado con el premio Pilares de la Cultura de Arte Blanco.

María Griñó (de la serie amigos artistas)

El dibujo, de casta le viene al galgo, es pieza fundamental en la obra de María Griñó, una de las artistas que ha sabido encontrar, quizá sin remedio, su estilo personal: un espacio de colores planos y un trazo de líneas gruesas bien definidas que constituyen una constante exploración de la exuberancia femenina como formula para apreciar la belleza en las figuras humanas.
María Griñó parece como si viese lo a veces catastrófica y trágica que resulta la realidad, y eso le impulsara a inflarla para encontrar en mayores proporciones sus pequeñas cuotas de belleza.
Muchas veces, por ser una pintura que camina cercana al naif y al mundo de la ilustración, no es considerada en su verdadera importancia, y no cabe duda de que su insistencia en seguir tratando de resolver incansablemente pero con una eterna sonrisa en los labios, las limitaciones del arte tradicional, las del dibujo y las de la pintura, debería tener una consideración bien ponderada. 
En efecto, en María Griñó se aprecia un vivo interés por el oficio. Su pintura sirve para que las artes sigan siendo una alternativa contemporánea en Castellón, porque su aportación es la de la innovación. 
Si queremos hacer un elogio de las artes, como creo sinceramente que aparece en la obra de María Griñó, el discurso debe mostrar su pertinencia, y lo logra, sí y solo sí logramos decir algo distinto a aquello que, por instinto de autoconservación, estamos conminados a ver una y otra vez.
El resultado es un trabajo de dibujo casi de orfebrería que respira lucidez y pasión. Y aún así son obras que no quieren molestar a nadie ni pretenden, con su contemplación, inquietar, ni deformar la realidad. Al contrario, los cuadros de María Griñó interpretan la realidad en una forma optimista, alegre, pacífica y con frescura. Da la impresión de que la autora los creara de forma despreocupada y espontánea, siguiendo los impulsos de su corazón. Su originalidad y su poética naturalidad alegran por el candor de su inspiración y la inconsciente fantasía de sus sueños.
Sencilla y a la vez glamorosa, bella y sensual, honesta y conceptualmente innovadora, la pintura de María Griñó hace de unos pocos elementos plásticos su mejor herramienta. 
Esperemos que por mucho tiempo las mujeres de su pintura nos sorprendan y conmocionen con su elegante presencia. Y nos asombren con su silenciosa quietud. Y nos cautiven con su belleza.

Arte contemporáneo


Ayer impartí una conferencia sobre arte contemporáneo en la Facultad de Urbanismo y Artes de la Universidad Nacional de Ingeniería de Lima, y he llegado a la conclusión de que innumerables artistas contemporáneos no son artistas y —fíjense bien les dije a los estudiantes— tampoco son contemporáneos.

Ryoji Ikeda

A pesar de no querer escribir telegramas en vacaciones, acabo de ver una pasada de expo de Ryoji Ikeda en el centro de arte de La Laboral que demuestra que Degas es un tipo de lo mas actual: El arte es un vicio, no te casas con el legitimamente, lo raptas.

Originalidad


Vi un tomate con una capa. Era un supertomate. Luego me encontré con una naranja con una capa, pero sólo era una naranja disfrazada de supertomate. En el mundo del arte, hoy en día, la originalidad lo es todo.

Elogio del fracaso



Acaba de salir el catálogo de la 7 bienal del arte del desecho, un cúmulo de textos críticos excelentes sobre otros tantos artistas no menos interesantes. Os copio mi aportación al arco de no triunfo del gran Pascual Bailón, y el enlace para que os podáis descargar gratis el pdf completo.
Pascual tiene pinta de bonachón. Y es que es un tipo moderadamente feliz.
Como yo, supongo. Probablemente como tú, lector. Y creo que esa pinta de bonachón y su moderada felicidad se basan en su humanidad.
Digo esto porque allí donde el hombre es más humano es en el fracaso. Y de fracaso habla el no triunfo de Pascual Bailón. Muchos somos los que encontramos belleza en el fracaso. Cuando una persona fracasa, se presenta vulnerable y ruedan por el suelo las caretas. En cambio, supongo que por malsana envidia, siempre me ha parecido vulgar el éxito. ¿Tú te has dado cuenta, lector, de que los triunfadores de hoy son los de siempre? Seguro que no eres el único al que le huele peor la arrogancia del ganador que el sudor del derrotado. Igual al leer esto crees que Pascual y quien escribe somos amargados y resentidos, pero detén tu apresurado vivir y deléitate con la hermosura que acompaña la impotencia de lo humano y la liberación de asumirse limitados.
La vida ha hecho a Pascual Bailón autodidacta. Quizá por los años que anduvo pululando por Latinoamérica, quizá por las circunstancias de Ortega y Gasset que lo devolvieron a España, su obra crece ahora entre los árboles de una montaña del interior de Castellón (literalmente) y no se ha prodigado en las salas de exposiciones (tres en los últimos cuatro años). Así que una muestra de su filosofía vital es un lujo. Hace años, pululando yo también en otros hemisferios, anoté una frase del periodista peruano César Hildebrand. La obra de Pascual Bailón ha hecho que la recordara. Decía que el éxito suele ser el espejismo del hoy y que muchísimos fracasos son la posteridad del mañana. Así que, cuando Pascual Bailón reúne a Araceli Bailón, José d’Oleo, David Pedrajas, Cristina Hamilton, Luis Bailón, Cintia Andreu, Álvaro Pastor y Cristian Bailón; y convence para que le ayuden a Juan E. Ejarque, Reyes Sales, Cítricos Enqueixa, Expomader, Santi Caudet, Mar Pedrajas, Ángel Jiménez, Pili y Tere Bailón, Mari Carmen Hernández, Eva Pedrajas, Mari Carmen Bailón, Zoe Pedrajas, Begoña Barberá, Belén Renau y Adrián Caudet; y comienzan entre todos a montar una estructura de madera cúbica coronada y rellenada de tocones de naranjo de uno de tantos huertos muertos y abandonados, todos pintados y colgando a distintas alturas; y lo rematan con palomas de la paz dibujadas con tapones de corcho a modo de enjutas; y deciden que lo que han hecho es un arco de no triunfo; pues a mí me da por pensar: amigo Pascual, lo vuestro es un elogio a todos los que jamás serán molestados por un autógrafo; a los que agachan la mirada ante la agresividad; a los que no encuentran las palabras para declararse a esa mujer o ese hombre que los sobresalta; a los descendientes de las derrotas; a los carne de cañón colgados como tocones muertos; a los últimos que jamás serán los primeros; a los que hacen cola en el hospital público; a los que tienen la mejilla reventada de tanto ponerla; a los que lo han perdido todo alguna vez; y a los que se creen poco y valen mucho.
Porque en este mundo asesino de singularidades mandado hacer por idiotas belicosos, ¿qué es éxito y qué es fracaso? ¿Es un fracaso ser consecuente con lo que se piensa y pagar por ello? ¿Es un fracasado el apaleado a las puertas del Banco Mundial? ¿Es un fracasado el que llora a solas por las ballenas?
Pascual prefiere alimentarse de las experiencias de aquellos que surcaron los intentos de la vida y no alcanzaron más que el olvido de un fracaso. Porque el fracaso es una fosa común donde yace la mayoría, una fosa que almacena un conocimiento y sabiduría conmovedores.
Pascual Bailón nos dice a través de su arco de no triunfo que, de todas formas, él sabe que ni él, ni yo, y, piénsalo, ni tú en el fondo, perderemos esa esperanza de, aunque sea de vez en cuando, intentarlo, aportar un poquito de amor, amistad y comprensión a este desastre de mundo, porque nos hace felices que el vecino de abajo sea también feliz, y que, por unos instantes, haya una sociedad más justa gracias a nosotros, los fracasados.
El arco de no triunfo es para los que, como los que lo levantaron, como tú y como yo, no aceptan que todo siga igual aunque todo siga igual desde que nacimos.
Celebremos, amigos, abrazados a las interminables huestes de los perdedores, otra vez ser los vencidos, los fracasados.


Catálogo de la 7 bienal de Arte del Desecho

Pintando a la música


Pintando a la música es una experiencia plástica de Lorenzo Ramírez a partir de la interpretación musical de José Enrique Bouché, un proyecto de la Delegación del Consell en Castellón, que dentro de la serie de exposiciones itinerantes Nómadas tengo la suerte de comisariar.
Expuesta en la Casa dels Caragols de Castellón y la biblioteca de Nules, en estos momentos está en la Casa de Cultura de Onda, desde donde viajará a la Vilavella, La Balma o Peníscola en los próximos meses.

Un día le propusieron a Lorenzo Ramírez un ejercicio de sinestesia a ritmo de la música de José Enrique Bouché. Le propusieron un soundpainting; una forma de pintar el sonido con gestos personales; la expresión de un estímulo de naturaleza perceptual; unir dos modalidades de arte de una forma adecuada y en un espacio apropiado generando un gran poder sinérgico; traducir artes intraducibles; que la música pudiera verse en planos pictóricos que subrayasen la luz y la profundidad; que la pintura pudiera ser escuchada como una totalidad de trazos; que la forma en que estuvieran colocados los colores sobre la tela recreara un ritmo musical; que la armonía de colores fuera acorde sonoro; que la cercanía entre un amarillo y un verde fuera como la que hay entre un do y un re; crear tensiones y disonancias en la lucha de las pinceladas por controlar el espacio; que la luz y la intensidad de los tonos se tradujeran en colores tranquilos creando consonancias y que, finalmente se resolviera todo en una sola, como un acorde de dominante acaba en tónica. Le propusieron a Lorenzo Ramírez pintar una sinfonía. Y Lorenzo Ramírez tejió en cada una de sus pinceladas la rapsodia inabarcable del arte pictórico y musical en una misma danza coral.
No podemos ver la música al igual que no es posible escuchar la pintura. Tampoco la dimensión que ocupan es la misma: al menos en parte, pues mientras en la música el factor tiempo es imprescindible para interpretar y escuchar una composición, en la pintura, como un arte eminentemente espacial, el tiempo no es tan importante, lo es el espacio. El compositor, utiliza los sonidos como el pintor los colores, y los relaciona entre sí para formar una totalidad controlada, con la que juega con el tiempo. El espectador es dueño del tiempo pictórico y esclavo del acontecimiento auditivo. Existe, evidentemente, un abismo técnico entre ambas disciplinas.
No hemos tratado de ahondar en los efectos emocionales, fisiológicos y psicológicos del color y en cómo relacionarlos con los mismos efectos de la música y viceversa. Lo que hemos buscado es experimentar otro fenómeno que, si bien pertenece también al mundo sumamente interesante pero impreciso de las sinestesias, consiste simplemente y complicadísimamente también en el acto de pintar a la música, no pintar música (sin la a) es decir, pintar bajo la influencia de la música que estamos escuchando, pintar a la manera musical. Actividad ésta muy común pero pocas veces resuelta afortunadamente, en la que se pretende expresar un estímulo de cierta naturaleza perceptual a través de un medio propio de otra modalidad.
Me imagino como Lorenzo Ramírez cierra los ojos y siente la premonición de los sonidos cromáticos, cómo la armonía acústica se convierte en colores y tonalidades, generando una dialéctica entre pinceles e instrumentos, representación pictórica de las melodías, búsqueda de la materialización de una visión a través del oído.
Miren los cuadros resultantes y pregúntense: si son obras inspiradas en la música, porqué son tan claras, porqué son de lectura, no sé si fácil, pero sin duda ordenada. Pues es precisamente porque son música, y la música es lógica, y la pintura es armonía y contrapunto. La virtud en el arte está en la razón, sólo que ésta va engalanada por el genio, pero siguiendo siempre un paso necesario, contenido por las leyes superiores. Ni el pintor ni el compositor se mueven en un espacio físicamente tridimensional. Su espacio es bidimensional. Lorenzo Ramírez controla un espacio plano y limitado, la tela. El compositor o el músico controla el tiempo, también limitado, que se mueve, no en profundidad, sino de forma lineal. Podríamos decir que la música se mueve como el texto, de izquierda a derecha. Pues lo cuadros de Lorenzo se leen igual, de izquierda a derecha y de arriba a abajo. Lorenzo conquista así también el tiempo, pues el espectador va deteniéndose en la lectura en los puntos que son más complejos, mientras acelera la mirada en las partes planas.
Cuando nos acercamos a los colores de Lorenzo Ramírez  podemos imaginarnos su pincel al compás del acorde: verde claro, verde oscuro, rosas, azules y turquesas, variaciones de un mismo tema musical presentado sucesivamente en mi bemol mayor, en do menor, en sol mayor, en re mayor. Música y pintura. Pintura y música. Pintura que se lee. Mejor aún, pintura que se interpreta, como una partitura. Como la partitura que representa.
Lorenzo Ramírez, inspirado por lo que le sugieren los sonidos de José Enrique Bouché, pinta cuados vivos que respiran y sienten, sufren y gozan. Pintar con maestría y que en ésta, el artista dibuje un caballo o un caballero, no es difícil de lograr; pero, pintar un sentimiento es algo tan difícil que, al lograrse, merece un verdadero reconocimiento. Observando estos cuadros mientras escuchamos la música, sintiendo sus delicados movimientos, nos sabemos seres humanos, y sentimos que en algún momento de nuestras vidas, somos parte de una misma humanidad.
Pintar para Lorenzo es un impulso, una necesidad, como cuando la mayoría de personas respira o come. La pintura de Lorenzo Ramírez no trata necesariamente de comunicar una idea a través de su trabajo. La mayoría de veces intenta sacar de su mente una imagen o sentimiento porque si no lo hiciera, probablemente sus pensamientos le perseguirían. Ahora pónganle, como si fuera un acelerante en un incendio, a José Enrique Bouché interpretando a su lado, y la explosión de pintura es inevitable. 

Los artistas ya no se suicidan

Decidido a acabar con mi vida, me he arrojado al paso del tren. Un joven se tumba junto a mí, sin pedir permiso, mientras esperamos que el tren me desmenuce. Al poco, una pareja se acomoda a nuestro lado. Cuatro personas tendidas son suficientes para alertar al conductor, que comienza a frenar la marcha de la locomotora. Ahora el mundo del arte me loa como el representante de un radical movimiento de intervención urbana con participación espontánea del público. No es fácil suicidarse para un artista del happening. Todo el mundo quiere ser artista. Puto Arco, puto Basel...

Sobre la heroicidad


Me han solicitado unas palabras que hablen sobre la entrega de un cuadro pintado por Lorenzo Ramírez a la Asociación Gregal y que pasará a formar parte de los fondos de la colección del ejército en Castellón. 
El encargo hablaba de pintar el valor de cerca de un centenar de vecinos de Almassora, Castellón y Vila-real que decidieron unir sus fuerzas un 9 de marzo de 1810 para enfrentarse a la amenaza que constituía la invasión de nuestras tierras por las tropas imperiales francesas al mando del mariscal Suchet. No se trataba de pintar unos vecinos heroicos y verdaderos patriotas, amantes de la libertad, que dieron su vida por España, sino que se trataba de pintar la heroicidad, el patriotismo, las virtudes humanas que adornaron en 1810 a aquel grupo de castellonenses.
Es evidente que aparecen en el cuadro referencias concretas y figurativas del episodio, como el lugar de la lucha, el antiguo puente de Santa Quiteria sobre el río Mijares.
Pero no se trataba de sólo eso. La obra debía trascender de los condicionantes descriptivos, y para eso debemos apelar a la facultad imaginativa, a la fantasía de los que están ahora contemplándola y los que la contemplarán después. Si usan su imaginación y su fantasía lograrán concebir imágenes de cosas que de hecho no están presentes, pero sobre todo, conseguirán la liberación de la esclavitud del hecho observado.
Me explico: el artista intenta que la obra produzca ese efecto en la imaginación del espectador, intenta plasmar lo que podríamos llamar la consistencia interna de la realidad imaginativa, y eso, en definitiva, es la esencia del arte. El arte, la artisticidad, no es más que un eslabón operacional entre la imaginación y el objeto creativo. Lo hermoso en mi opinión, es que el arte hace necesaria la participación de todos para ser arte.
Ahora bien, al precisar de la imaginación de los demás para explotar su condición artística, la obra de vuelve indiscreta. Indiscreta porque nos pregunta por las más hondas intimidades de nuestra existencia, por lo que pensamos o sentimos. En un sentido fundamental y pragmático, un poema, una pintura o una sonata, en lugar de ser leído, contemplada o escuchada, son más bien vividos. 
Viendo el cuadro recordé lo que llevaba escrito en la camiseta un chico que vi en televisión: “la visión del héroe es el sueño del cobarde”. Lo que vemos desde el punto moral en el que nos ubica nuestro ser cuando somos justos y generosos por encima de todo, lo que sentimos cuando actuamos por un bien común y no en beneficio particular, la manera en que vemos las cosas desde ese punto elevado en que nos sitúa la satisfacción, es lo que sueña el que no se aventura a dar el primer paso, el que se queda escondido, el que no se atreve.
Les decía que la obra nos debe hacer reflexionar sobre la heroicidad, y nos debe hacer imaginar miles de cosas. Imaginar el sacrificio doloroso y sangriento de unos chorretones de pólvora, las vidas truncadas como inacabado está el cuadro, y un fin superior, bello y feliz. Porque no se puede ser feliz si no se hace el bien.
Los héroes hacen lo que está bien y saben lo que está bien porque lo hacen por los demás. La mayoría de los hombres acatan las virtudes como algo ajeno, impuesto, pero en el héroe, la virtud surge de su propia naturaleza como una exigencia de plenitud y no como una imposición exterior. El héroe hace las cosas porque quiere no porque se lo ordenan. Y más en el caso que conmemoramos, cuando las garantías de la normalidad de la vida en Castellón estaban abolidas por una guerra. En esos casos nadie puede decidir por nosotros ni está determinado de antemano cual es el comportamiento correcto que requiere la ocasión, es un ámbito inseguro e imprevisible.
Reitero que el cuadro es como un poema que se lee de abajo a arriba o de arriba a abajo. La felicidad basada en el sacrificio abnegado, o el sacrificio abnegado como base de la felicidad. Y es que el hecho que conmemora el cuadro tiene que tener el sello de la intensidad, del esfuerzo y de la pasión. Y también de la muerte y el sacrificio. La presencia de la muerte no es ocasional, sino esencial, porque la medicina de la inmortalidad de la que este cuadro pretende ser ingrediente, solo nace de un gran sacrificio.

Jere: de la serie de escritos Amigos Artistas


Con la energía creadora proveniente de los clásicos, sabedor de que a los gustos se los come el tiempo, más que la genética, y consciente de que ser fiel a su arte es tan gratificante como agotador, José Manuel García Cerveró, Jere, sin dejar de trabajar, burla encastado, como siempre, las ásperas embestidas de las cambiantes modas.
Tanto en sus obras de bronce de dimensiones reducidas como en sus figuras y grupos de escala mayor, incluso en sus impacientes dibujos y acrílicos, su arte se mantiene dentro de un naturalismo inicial y cierto concepto pintoresco, costumbrista. Un arte de la forma que encuentra en el detalle realista y en los acusados contrastes de la luz y la sombra de los rasguños impresionistas del bronce, sus mejores efectos.
La obra de Jere muestra cierta nostalgia situada en el marco natural e histórico mediterráneo. Su mediterraneidad y el amor a la tierra son tan importantes como el dominio de la técnica tradicional del fundido y de la proporción, tanto de los ambientes como de las anatomías.
Una mirada superficial puede ver en el artista a un estudioso de la anatomía simplemente, pero lo que hace de Jere un gran escultor es su capacidad para revelar el alma. Su gran aporte es aprovechar sus mejores conocimientos técnicos para crear imágenes que expresen un sentimiento interno.
La elección de los temas de su obra combina la mayor o menor trascendencia con una dimensión social del arte consistente en el despertar de la conciencia histórica del espectador, y el consiguiente sentimiento de orgullo de pertenecer a una tierra y una comunidad.
Esta relación íntima entre lo significante y lo plástico se establece gracias a la elección temática y al singular procedimiento de construcción creado por Jere, que revela resoluciones estéticas situadas en la tradición artística pero, a la vez, en el punto de ruptura con los paradigmas convencionales de percepción, es decir, la forma en que el paseante ve la obra, poniendo de relieve un arte que solicita la intensa participación del observador.
La obra de Jere, en mayor o menor medida, siempre habla de nuestra historia y de nuestra tradición, también de nuestra manera de ser, asumiendo las complejidades del ser humano. Jere, en su particular visión, suele abordar temas recurrentes en la historia del arte, desarrollando y empleando la expresión del material para ejemplificar el juego de la existencia humana. Cuando lo descubres, es algo vigoroso, una especial relación conceptual formal entre la obra y el espectador.
Una obra que nos invita y convoca a incursionar en la admiración de un talento capaz de hacer brotar formas geniales cargadas de un profundo simbolismo, fortísimas raíces populares y mucha modestia y sinceridad.

Rosana Asensio. (De la serie amigos artistas)

Un día Rosana descubrió con entusiasmo la viveza y los recursos del color, las posibilidades inmensas de los pigmentos y otros materiales, la masa compacta y firme sobre el lienzo y la tabla. A veces se acompañaba del collage y también de elementos de madera, cartón o lo que fuera.
El resultado fue una pintura abstracta, matérica, rica en elementos que llevaban a una variedad de sugerencias. 
Creo que ese día Rosana descubrió su lenguaje plástico, aquel que resolvía la forma de comunicar su pensamiento, porque había hecho suya la máxima aristotélica de que hay que dar cuerpo a la esencia secreta de las cosas, no copiar su apariencia. Nada más alejado de la realidad que la apariencia de realidad, la mimética reproducción de la naturaleza y las cosas. Parece que para Rosana Asensio el arte ha de ir más allá, trascender la mímesis de las apariencias para dar la visión global del concepto. En su paleta, los colores, sobretodo los metálicos, cobran un protagonismo decisivo, rodeados de una geografía de colores terrosos que inundan la superficie del cuadro. 
Es la obra de Rosana, como ella, sutil. En ella la materia se expresa como por las leyes de la magia y la acción del subconsciente. En su pintura la esencia es la propia esencia de la materia, porque en ella está todo y también el todo, a modo de micro-universo. Es simple, pero está todo pensado. La materia se enseñorea de la composición y el color marca la impronta que define la otra realidad. No es grandilocuente, sino que se recrea en la capacidad interpretativa, plástica. 
En el mundo de Rosana Asensio hay materias densas, pesadas, incluso aceitosas como el petróleo, y también materias ligeras y livianas, materias frescas como las plumas que vuelan con el viento sin quebrarse. En la pintura de Rosana Asensio hay materias que son como el mar, lo que sucede es que ella, al pintarlas, al arrodillarse en la orilla con su pincel, es de las que se deja mojar. Se moja tanto que se convierte en la misma agua del mar, y lo inunda todo, lo alcanza todo, lo investiga todo, por fuera y por dentro, por dónde la dejes.
Pero con naturalidad, porque Rosana es así, puede mirar donde quiera, mojar lo que quiera, porque lo hace con la sana intención de aprender, de curiosear como una niña sin maldad. Porque lo hace creyendo que todas las personas son como ella, que se deja atravesar sin miedo por el agua que vertemos los demás. 
Así es la pintura de Rosana, pintura-agua, pintura-tierra, pintura-pluma. Rosana anda siempre buscando como el agua que no puede estar quieta con el vaivén del barco. Se sorprende ante otras materias que incorporar, ante otras líneas que dibujar, porque su pintura y su vida son un viaje, a veces subterráneo y a veces estelar, a veces acuático y a veces infernal. 
Rosana se detiene en ocasiones en su camino, a descansar un rato, porque no camina sola, hay mucho personal a su lado con el que acompañarse, y así repone energías para seguir por otras materias. 
Y así es ella, y así es su pintura. Conociéndola a ella, y conociendo su pintura te dan ganas de creer, no sé, en el ratoncito Pérez o en las lunas de queso. O en la gente normal. La pintura de Rosana Asensio es una constelación de cuerpos celestes, una historia de material reciclado, poesía en un mural de una esquina de un barrio obrero, e incluso, por su afición pajaril a lo brillante, es un manso río donde el sol reverbera cosquilleando los ojos de quienes lo miran.

Efecto mariposa

Imagina que Gaudí, en la seva misticitat religiosa, arribara a tindre visions del futur. I que la visió que tinguera es que abans de veure acabada la Sagrada Familia, aquesta cau desplomada per culpa de les obres d'un tren d'alta velocitat. Imagina que, aclaparat per esta visió premonitòria, l'arquitecte Gaudí no veu el tramvia que se li ve damunt. Lo del efecte mariposa, ja saps.

De la serie de amigos artistas: Vicente Talens

Estas son las conclusiones de una inspección, una auditoría. Inspeccionar el taller de Vicente Talens te revela la esencia de su producción. Mucha luz y claridad. Un orden en un caos controlado. La personificación de unas ideas muy claras. Tienes la impresión de que Vicente Talens ha vivido en el arte la historia de una interioridad que se traduce ante el espectador en una secuencia evolutiva de formas y estilos. Evidentemente, el dinamismo inherente a cada cuadro o escultura y que actúa en su caso como motor de la creación artística, si bien representa un a priori, está sujeto a modos específicos de su particular expresión. En efecto, la forma en que, no se si en su sueño o más probablemente en su constante ensueño diurno, se manifiesta, corresponde a rasgos singulares propios de su estilo. Sueños conscientes en color y tridimensionales. En Vicente Talens no se ve la raya de separación entre lo abstracto y lo real, y si alguien llega a verla, quede como primera conclusión de la auditoría, su intención de permanecer en ambos lados. Porque más que mezclar motivos iconográficos de su personal representación figurativa o de escenarios espaciales con formas más o menos rigurosas, lo que hace es impulsar la composición hacia secuencias puramente líricas, simbólicas y coloristas especialmente propicias para la mirada cómplice del que sabe soñar con ellas. Si algo define la heterogénea obra pictórica de Talens es que es una pintura escultórica, una pintura volumétrica, casi siempre esferoide, que metaboliza la tridimensionalidad atrapada en sinuosas formas en continuo desplazamiento por el fondo. De hecho, sus formas salen del soporte para convertirse en tridimensionales, mientras otras se aplastan en el lienzo adaptándose a su fingida bidimensionalidad. Me preparé a través de internet para la inspección. La palabra auditoría viene del latín auditorius, y de esta proviene auditor, que tiene la virtud de oír, y el diccionario lo considera revisor de cuentas colegiado pero se asume que esa virtud de oír y revisar cuentas está encaminada a la evaluación de la eficiencia y la eficacia en el uso de los recursos, así como al control de los mismos. La auditoría puede definirse como un proceso sistemático para obtener y evaluar de manera objetiva las evidencias relacionadas con informes sobre actividades económicas y otros acontecimientos relacionados, cuyo fin consiste en determinar el grado de correspondencia del contenido informativo con las evidencias que le dieron origen, así como establecer si dichos informes se han elaborado observando los principios establecidos para el caso. Por otra parte la auditoría constituye una herramienta de control y supervisión que contribuye a la creación de una cultura de la disciplina de la organización y permite descubrir fallas en las estructuras o vulnerabilidades existentes en la organización. Auditemos pues. Creo que la capacidad sensible, eso que llamamos cultura estética, se amplía en la medida que se globaliza más nuestra experiencia, así que con los años me consideraba medianamente preparado para dejarme sorprender por la obra de un artista que resulta un tipo realmente original, un poco tímido y a la vez orgulloso de lo que hace, sentimental, nada estrafalario, de mirada amable y un perfil de buena gente, un soñador irreductible y romántico, trabajador a contrapelo de al¬ma insomne y es¬píritu un poco alucinado. Y esto fue lo que me encontré. Vicente Talens había salvado el escollo de la incomprensión del mundillo profesio¬nal normalmente empecinado en es¬camotearle la patente de corso como pintor al que se dedica también a la escultura, las instalaciones, la fotografía, el video o el diseño con éxito. Pero es que sus obras se defienden por sí solas. Algunas de ellas son autén¬ticas cargas de profundidad aún por explotar, hormigue¬ros de ideas y posibilidades que deben ser exploradas a conciencia. Ha sido un buscador incansable de una estética propia y en algunas ocasiones, son ya unos cuantos años bregando, portaestandarte de la irreverencia, siguiendo el hilo de la interpretación de Malevich de los límites de la pintura, la negación de las posibilidades narrativas de ésta y la creación de una forma sensual totalmente visual.
Se ha interesado de forma especial por las formas geométricas de las imágenes, por el espacio pictórico casi inmaterial creado con la ayuda de los cambios tenues entre los matices de sus figuras, como si fueran una obra abstracta construida a base de formas geométricas simples que reconcilian las tensiones entre figuración y abstracción, el ecléctico, diverso, contradictorio pero original y múltiple hilo de Ariadna de las artes plásticas contemporáneas. Algunas de sus obras escogen una línea de trabajo minimalista, otras resucitan experiencias de trabajos anteriores, mientras que hay que pretenden que la pintura permanezca viva más a través de lo que ocultan que de lo que muestran. Hay una buena parte de sus trabajos, los más recientes, en los que se aprecia el interés por la relación de la superficie mínima de la escultura en forma de relieves de escayola pintados, y el fondo plano del soporte. Su trabajo como escultor no puede desligarse de la pintura, pues las estructuras más importantes de su cosmovisión se introducen con una naturalidad elemental en los marcos espaciales creados por él. La forma en la que coloca sus obras en relieve en un espacio dado, con un color nunca arbitrario, busca fundamentalmente la creación de un sistema de relaciones que podrían ser interpretadas como pequeñas instalaciones. Como he dicho es pintor y escultor, pero al mismo tiempo cualquier otro medio es imaginable o utilizable para él, fotografías, películas, música o vídeo. Así, su pluralidad en cuanto a la utilización del material, últimamente se traduce en la inclusión, de manera muy consecuente, de la escayola. Aparecen algunas obras blancas, pero la mayoría se matizan con color. Naturalmente, no se tata de un baño de color desarticulado que lo inunde todo, sino una escogida combinación que modula los detalles, sombras y contornos. Si sus cuadros señalan tanto su dominio de la pintura como su convicción en ella como medio expresivo, en ésta, su opción más reciente, Vicente Talens incursiona en el relieve llevando a tres dimensiones algunas de las figuras que emergen de sus pinturas desde amplios gestos a la vez abstractos y orgánicos.
Están las formas oblongas, pero también las flores, los soles e incluso su particular visión del hombrecillo del semáforo. En todas ellas, el color, elemento clave en su pintura, va apoderándose de las superficies. De manera decidida, casi cruda, cubren con su espesor el generoso espacio de sus formatos y les confieren un importante peso emotivo. De la pintura al relieve, y de él a la escultura exenta. No me resisto a tocar algunas de sus obras de bulto redondo, metalizadas o pintadas, travestidas con el tuning. Aún éstas, al igual que sus relieves, evitan cualquier forma grandiosa o heroica, y están igualmente relacionadas con su fértil verborrea pictórica. No me resisto a tocar porque bajo la apariencia de planteamientos abstractos laten indudables orígenes orgánicos. En esta línea, mención especial merecen sus pezrros, libres, encadenados o llamados a la mesa. Están llenos de una fuerza subconsciente que emerge a la superficie desde las profundidades, como si trajeran alimento a nuestras emociones, pero de forma serena, pues desde siempre, el perro, aunque también sea pez, ha sido el compañero más fiel del ser humano, y simboliza la amistad y la fidelidad. Pero cuidado, mírenlos a los ojos, porque también pueden comportarse con rudeza, incluso como fieros enemigos, si no los sabemos tratar como merecen, si coartamos su libertad, que es también la del artista. El resto todo es color. No puedo experimentar el seguimiento mismo que ha hecho Vicente Talens al construir sus enigmáticas formas, aunque él mismo intente explicármelo. Mi mirada sigue con atención cada forma y cada desplazamiento en el espacio de las formas orgánicas y por tanto llenas de vida, generadas por un destello de color, y sólo puedo concluir que gracias a la meticulosidad de su trabajo Talens ha conseguido sacar a flote desde el fondo del espacio unas personales formas sin que podamos desenvolver la madeja del enigma de donde provienen. Sólo son formas en vertiginoso y a la vez silencioso vuelo. El tiempo de la auditoría pasa inaugurando vuelos y movimientos plurales que se sugieren en torno de sus propias formas, persiguiendo la línea de una obra abierta, con un propio mundo de sugerencias. No se detectan fallas en las estructuras o vulnerabilidades existentes en la organización. La auditoría ha concluido.

Carmelo Viudez: elogio de la bonhomía (de la serie Amigos Artistas)

Es una buena recomendación hacer caso de las primeras impresiones. Cuando uno ve la obra, cualquiera de ellas, y más si conoce al personaje que es Carmelo Viudez, las primeras palabras que vienen a la mente son sinceridad, naturalidad, bonhomía. Porque su obra tiene la sincera naturalidad que sólo se consigue tras dominar ampliamente la técnica, tanto la del dibujo, como la de la pintura, como la del grabado. Una obra que confirma la natural tendencia de Carmelo en la búsqueda de lo verdadero, lo bello y también lo bueno. Con una aparente sonrisa sobre su rostro que parece reflejar el regocijo de su coexistencia pacífica, Carmelo constituye una especie de artista bastante peculiar en el panorama actual, que sin duda tiene mucho por contar. Carmelo es capaz de ver mucho, o como se suele decir, es alguien con mucha vista. Pero no sólo alcanza a ver el arte a su alrededor. Por mis conversaciones con él, sé que también ve bien los paisajes sociales, políticos y económicos. Tiene buena vista, no solo por tener buenos ojos, sino también por saber dirigirlos y utilizarlos. Carmelo ve bien porque sabe mirar, ha aprendido a mirar. Debo advertir, a modo de moraleja, y como ya se ha mencionado, que en general, por buenos ojos que se tenga, si no se sabe educarlos con esfuerzo, las miradas serán casi siempre mediocres. Así que no debe caerse en el engaño de que la sincera naturalidad del trabajo de Carmelo no esconde detrás una perfeccionista formación. Es su saber hacer el que produce la fascinación de materializar y recoger esos rayos de tan efímera luz natural. Es su saber hacer el que produce que en sus trabajos se desgarre la vida de una manera simple, fácil, lógica. Porque al fin y al cabo, en la técnica, en la temática, en el resultado final, Carmelo es un hedonista, un artista que regresa al primitivo mundo a rescatar la abstracción del goce de la creación, que reniega de su responsabilidad y compromiso para con el tiempo. Y no es que sea ingenuo, simplemente Carmelo, como su obra, existe y deja existir. En Carmelo Viudez, al igual que en las leyes de la naturaleza, todo es sincero y natural. En él la vida no es artificio insensible, por eso cada uno de sus trabajos parece un desagarro pulcro de la complacencia del espíritu. Pero recuerden: hay que saber hacerlo así.

SE EXTRAEN ALMAS SIN ANESTESIA LOCAL

Disculpen la digresión, serán sólo unas líneas. La gran aportación de la exposición de la Galería Octubre es la creación de un retrato de Peñíscola, de unas fiestas y unas tradiciones, como si fueran un espacio antropomórfico. Además, como yendo de lo particular a lo universal, esa serie se complementa a la perfección con los retratos que son resumen de la trayectoria de Sergi Cambrils. Esta composición expositiva merece un breve análisis particular. Antropomorfismo viene de anthropos, es decir, el hombre fabricado del barro modelado a partir de una forma (morphe) que no es ni más ni menos que la imagen y semejanza de la deidad, como dice la Biblia y Sánchez García. Por otro lado retratar es extraer las rayas que dibujan a alguien, robar los trazos de su anatomía física y psíquica repitiendo una línea por cada línea real, una arruga por cada arruga, ojo por ojo, diente por diente, registrando un carácter, una fisonomía con la violencia de quien comete un hurto con alevosía. “¡Mira mi rostro! ¡Ojalá pudieras entrar con tus ojos también en mi pecho y ver la paterna ansiedad que lo ocupa!” Lo decía Ovidio. Un retrato es un lugar físico, pero es también un lugar psíquico, y como tal se vive, y así se aprecia en las historias pintadas de Cambrils. Se puede afirmar que hay una historia particular para cada retrato. Cada imagen es sentida por Sergi Cambrils como un reflejo incompleto de su carne, de su historia, de su cotidianidad. Cambrils es cómplice, desde las profundidades del tiempo convivido con los suyos, en la creación de un ensueño de eternidad que gozamos y compartimos. Y tengamos presente que se sueña interpretando millones de papeles al unísono. Así son sus retratos. Cambrils compone sus escenas de este modo porque no es anónimo respecto a lo que retrata. En este caso las pinturas no discurren únicamente por las sendas marcadas de la ciencia empírica, aparece la actuación de la analogía, la paradoja, la contradicción, la metáfora; en resumidas cuentas: el universo conceptual de una lógica que no considera el aspecto irracional del ser humano excluido de su ser en esta vida. Y nos adentramos en un terreno pantanoso, encrucijada donde convergen los ambiguos caminos de la tradición, la religión, lo mágico, el recuerdo, la memoria, la antropología… Estas pinturas, cuanto más extrañas, más parecen en verdad darnos un sentido de reafirmación respecto a quiénes somos. Y es que las distintas sociedades en las que vivimos convergen en los puntos en que se rompen las barreras emocionales, y por eso estas representaciones son un espejo que refleja de forma honesta nuestra mirada. “El arte se ha vuelto iconoclasta, pero esta postura iconoclasta moderna ya no consiste en destruir las imágenes, como la de la historia; más bien consiste en fabricar imágenes” Y esas imágenes parten de los principios ya esbozados: lo dicho, el retrato es un lugar físico y psíquico; es una representación de un rostro humano, y también del rostro humano (nótese la no tan sutil diferencia del cambio de artículo); habita en la conciencia humana; es el agujero del muro de las lamentaciones donde compartimos un sueño sobre papel; es una escena pletórica que rememora y enmascara, que narra… que narra historias que se pliegan sobre sí mismas transfigurándose en anécdotas, retales de tradición, aforismos. Estas historias, en las cuales se estratifica la leyenda del ser humano, son la única verdad histórica con la que contamos, son ejemplos de un goce por la vida y la muerte que se sienten como un hecho infinito. Son sueños de la razón que producen escenas monstruosas, vida más allá de la muerte, eternidad. El Grand Verre de Marcel Duchamp es un ejemplo de todo esto pero de forma mucho más brutal, y está presente en la obra de Cambrils, aunque no de manera literal, sino como estado de ánimo, como música de fondo.
Y ahora la Gran Feria de Variedades se instala en Castellón. La gran diferencia entre la interpretación de Cambrils y la de cualquier otro está en el conocimiento de la historia que escenifica, en el uso de su memoria particular. Sí, Sergi Cambrils pinta su propia memoria, y como la de cualquiera, la suya es una memoria individual que se corresponde con la realidad sólo para él. La memoria es como una novela de páginas sobadas, con impresiones de ilustraciones desgastadas, las esquinas dobladas y la hoja con los créditos editoriales desparecida hace tiempo; son páginas impregnadas de recuerdos de olores, nostalgias de sabores, tintes que mancharon su papel de coloraciones salinas, suma inconmensurable de huellas digitales, rasguños y restos de carmín y cazalla (o sol y sombra). Y cada uno tenemos nuestra propia novela. Aunque todas sean la misma, de la misma edición y contengan las mismas palabras; son diferentes, no sólo para cada lector, sino cada vez que son leídas. A veces heredamos la novela, y ya la encontramos señalada y garabateada. Entonces la memoria es como una sábana de hotel que conserva el calor del cuerpo humano, que supura recuerdos cuando pasa de mano en mano, de cuerpo en cuerpo. Es el mito de la caverna platónica pero en la recreación de José Saramago, pues los humanos no vemos el universo como una proyección de vagas sombras en la pared de una cueva de espaldas a las ideas que se proyectan a través de la luz de la gran bombilla alógena; somos nosotros las sombras huidizas que dejan el rastro de las imágenes al pasar. Nosotros, para los demás, sólo somos las sombras que de nuestra existencia alcanzan percibir. Podemos concluir que la entidad humana es fantasmal, y que como espectros quedamos para la historia, habitando en las tres dimensiones en que estamos encarcelados. El rostro de la humanidad que Cambrils retrata tiene, evidentemente, el aspecto de las sociedades que ha vivido, de los lugares donde ha instalado la Gran feria de Variedades, y especialmente, naturalmente, maravillosamente, de Peñíscola. Ha tenido la suerte de que esta población se ha labrado la estética de una belleza sobrehumana en conservación de sus tradiciones, especialmente las festivas que sirven ahora de inspiración. El rostro de Peñíscola está compuesto de millones de anatomías y de sus inquietantes estructuras constructivas papalunísticas, charltonhestoneras y berlanguianas, sus sonidos de dulzaina y tabal, y el intenso sudor de una piel castigada por el sol, la sal y el turista de secano. Los personajes que aparecen pintados, y todos nosotros al fin y al cabo, no son piezas de un molde, la sociedad que componen no es Golem, sus caras no se acuñan como las monedas de los monarcas, no son máscaras de cera imperturbables, no son imagines maiorem en sus altares; son el resultado de una germinación en una tierra, bajo un sol concreto; son particulares de Peñíscola, y en su individualidad representan la universalidad de las particularidades. La ciudad está compuesta también por millones de historias. De entre ellas, las fiestas son un capítulo fundamental, porque son como una tragicomedia agradable ambientada en un baile de máscaras. Todo espíritu profundo necesita una máscara: más aún, en torno a todo espíritu profundo va creciendo continuamente una máscara, gracias a la interpretación constantemente falsa, es decir, superficial, de toda palabra, de todo paso, de toda señal de vida. Nietzsche dixit. El retrato nace de una máscara sentida como una huella histórica, vecinal, amigable, rencorosa, traidora y, en fin, circunstancial (en el sentido de Ortega y Gasset) en la que todos nos reconocemos alguna vez. Si Sergi Cambrils tuviera su propia parada en la Feria de Variedades, un cartel rezaría a la entrada de la caseta: “SE EXTRAEN ALMAS SIN ANESTESIA LOCAL

Peñiscoleteando

El viernes 28 de octubre se ha iniciado la temporada de la galería Octubre, en la UJI. Hemos tenido el placer de comisariar la exposición de Sergi Cambrils. Y aquí dejo parte del texto: El texto que a continuación pueden leer se divide en dos partes. La primera, bajo el título El histriónico teatro del mundo, intenta abordar las características de la exposición que Sergi Cambrils ofrece en la Galería Octubre de la Universitat Jaume I de Castellón, en lo que se podría considerar un texto crítico de aproximación a la muestra y explicación al espectador. Más o menos lo que se espera del texto de un comisariado. La otra, concebida a priori como un epílogo de una docena de líneas integrado en la primera, creció hasta merecer ser segunda parte, y anunciando: Se extraen almas, ofrece una opinión más personal, y por ello menos aséptica, de la trascendencia que adquiere la obra de Cambrils, con la intención de trasladar claramente que estamos ante uno de los mejores creadores del panorama plástico de nuestras tierras. Es justo que la Galería Octubre de la Universitat Jaume I inicie esta nueva singladura con esta exposición. Confieso también que me ilusiona formar parte de la trayectoria profesional de Sergi Cambrils. Cosas del ego. Al lector se le solicita que tenga en consideración la advertencia precedente, así como que las líneas que seguidamente encontrará impresas se redactaron encontrándose el que suscribe preparando la exposición rodeado de las imágenes de Sergi Cambrils y, respirando en consecuencia el aire viciado de una atmósfera surrealista.
Primera parte: El histriónico teatro del mundo El día de la inauguración de la función, a la una y media de la tarde, cuando ya el sol estaba alto en el horizonte, se levantó el telón y, vestido de etiqueta, con casaca roja y sombrero de copa, el artista maestro de ceremonias se plantó en el centro de la arena, con una fanfarria de fondo y los saltimbanquis haciendo cabriolas a su alrededor. Con voz clara, se dispuso a pronunciar su discurso de bienvenida: -¡Seeeñoooooras y seeeñoooores! ¡Bienveniiiiidos a la Gran Galería Octubre! Niiiñooosss y niiiiñaaasss, paaaadreeees y maaadreeees, abueeeelooos y abueeeelaaaas! ¡Bienveniiiidos a la Gran Feria de Variedades! ¡Bienveniiiidos al Gran Teatro del Mundo! ¿No ha sucedido así? Pues, desde luego, eso sería lo propio. Porque aquí lo que se nos da es la bienvenida a la parada donde a todo hecho real se le da una configuración fantástica. Tomen lo fantástico por sentado y lo real como la proyección de una posibilidad. Señoras y señores, pasen y vean. Más allá de la referencia al mundo del circo, ya sé, queridos lecto-espectadores, que el título de esta primera parte, añadido al general de la exposición, puede parecer una copia del magnífico auto sacramental El gran teatro del mundo de Don Pedro Calderón de la Barca, pero me he permitido emular al ínclito literato, no tanto por el contenido sino porque las que titulan su obra son las palabras que desde un primer momento han golpeado mi pensamiento en cuanto me asomé a las pinturas de Sergi Cambrils y contemplé sus historias y sus retratos. Excusaré el préstamo del título más adelante, ahora presentemos el programa de la función. El histriónico teatro del mundo que ha preparado Sergi Cambrils se desarrolla en torno a tres espacios ligados entre sí: En la pista central: Peñiscoleteando. Diseño de una tradición. Retratos de personajes concretos en un espacio concreto y que bien conoce el autor, pues son los que pueblan las fiestas patronales en honor a la Mare de Déu de l’Ermitana de Peñíscola. En la segunda pista: Personajes para un carnaval introvertido. Una colección de trabajos sobre papel donde el protagonismo se centra en el rostro de unos particulares retratos agrupados en diferentes series y dónde el espacio es el propio antropológico. En la pista del recuerdo: Historias con mucho cuento. Retratos anónimos en variedad de escenarios reconocibles. Pasen. No tengan miedo. Pasen y vean. Reconozco que me gustan los pintores que se exceden en su teatralidad (y por ello me he permitido la licencia circense del inicio del texto), histriónicos capaces de inventarse escenarios transmisores de emociones, que desconciertan al espectador por inesperados, encantadores, diversos, multicolores y multiformes. En realidad, más que un circo, es ésta una feria de variedades, o un carnaval (introvertido o no), algo muy representativo de la obra que ha ido confeccionando Sergi Cambrils a lo largo de su trayectoria; unas piezas libres e imaginativas donde el dibujo, la pintura y otras técnicas plásticas diversas, se entrelazan para recrear situaciones sugestivas que nos acercan a su particular teatro del mundo. Retratos que cuentan historias abiertas y llenas de matices que se nos aparecen como misterios por resolver; imágenes de aspecto enigmático aunque ancladas en la realidad figurativa de personajes insólitos, absurdos e irónicos. Y tradicionales. Y por ello muy nuestros también. Una visión, más cósmica que cómica, carnavalesca en fin, que integra lo antropológico y lo corporal como un todo indivisible, de ahí que, el realismo casi grotesco de Cambrils no haga diferencia entre el arriba y el abajo, entre lo espiritual y lo corpóreo. Pongámonos un poco serios. Los orígenes de la producción de Sergi Cambrils pueden rastrearse en las iniciativas de las décadas de entre guerras, en el siglo pasado, cuando se estaban gestando nuevas corrientes artísticas que en torno al surrealismo buscaban manifestar la complejidad del torrente imaginativo del hombre. Hay algo de ese radicalismo en este artista; hay algo de ese deseo incongruente de conseguir a través del arte figurativo un notable alejamiento de la realidad. Pero no sólo el surrealismo se deja ver en los retratos de Cambrils. El autor hunde también sus raíces más finas, sus acuáticos rizoides, en el conocimiento del movimiento Dadá, especialmente por lo que su interpretación de la realidad supone de revolucionaria, de trasgresión ordenada que, aunque no llega a ser de un nihilismo negador del arte, sí es sin duda una exaltación de la libertad personal. Cuando Pablo Picasso incursionó en el cubismo, sus imágenes se percibían deformes y grotescas, y la sociedad de su época no lo entendió. Decían: los dibujos de Picasso son feos. Supongo que algunos dirían lo mismo de Hieronymus Bosch como también lo dicen hoy de Hans Ruedi Giger. Pero la fractura de los tabúes que infringieron, ellos y otros muchos, ha ayudado a nuestra propia aceptación socializada en el particular mundo que hemos creado y habitamos. Algo similar pasó cuando los dadaístas, que pretendían que el arte no debía tener sentido, asombraron a la comunidad plástica de su tiempo con obras espontáneas y aparentemente inexplicables. Y más de lo mismo con el surrealismo, que presumía de emular, mediante el arte, las formas abstractas y oníricas del subconsciente humano. Me dirán que me marcho muy lejos en el tiempo, y que así justifico la utilidad de mis estudios en historia del arte más allá de saber contestar las preguntas del quesito marrón del Trivial, pero pretendía contextualizar la siguiente pregunta: ¿Es Cambrils un transgresor, como estos movimientos estéticos del pasado? Piensen que son verdaderamente escasos los creadores que hoy en día nos ayudan a pensar, con elegancia y sin caer en lo burdo, que en el mundo de las artes plásticas no todo se ha inventado. Y respóndase ustedes mismos tras ver la exposición. Empecemos estableciendo parecidos y diferencias. Centrémonos en el surrealismo. A todo visitante de la exposición le resultará fácil detectar el alejamiento de la realidad en el conjunto de la composición, de la que hablo unos párrafos más arriba, pero nótese que no se desprecia el realismo en los objetos que componen el todo. Es como si ese alejamiento pretendiera adentrarse en el universo de los sueños y la fantasía, donde las cosas y las gentes tienen apariencia real y reconocible, sólo que se interrelacionan de manera diferente. ¿No ven pedazos de realidades que se representan agrupados de manera tan particular que nos parecen fantásticos? Con esta concepción, Sergi Cambrils utiliza su dominio técnico para dibujar los objetos y los personajes que después modifica y reagrupa en sorprendentes creaciones de gran impacto visual y con una alta carga subjetiva. Por esa razón está ciertamente alejado de Max Ernst, Jean Arp, Man Ray, André Masson o Joan Miró, a la vez que se acerca a los artistas que perfeccionaron la figuración naturalista, como Salvador Dalí, René Magritte, Yves Tanguy, Giorgio de Chirico o Wilfredo Lam y Roberto Matta. La sensación que produce es la de que Cambrils transcribe sus sueños, sus recuerdos y su manera de ver las cosas, de una manera muy real, transformando los estados delirantes y las obsesiones que componen nuestra realidad cotidiana en su tema preferido; y cuidando los detalles técnicos, especialmente con su maravillosa y minuciosa línea. En definitiva, una apuesta por una nueva manera de conceptualizar la realidad que nos rodea a través de un gran dominio técnico y una preferencia temática donde tiene perfecta cabida lo maravilloso, la locura y los estados de alucinación, lo fantástico y lo sorprendente del propio mundo real (pueden subrayar este párrafo como resumen explicativo de la exposición). Al buscar paralelismos, o parecidos, entre la obra de Cambrils y otros artistas, creo ver una cierta proximidad con el pintor chileno Mario Toral (1934), al menos en la parte de la producción de éste último donde los aspectos histriónicos sobresalen más respecto de toda su depurada obra. En el caso del sudamericano, el drama humano como protagonista se manifiesta en imágenes donde la figura no está presente físicamente, pero sí está esa dicotomía orden-caos, ese estremecimiento por todo aquello que de razón y de locura existe en el mundo; lo que también aparece en los retratados de Cambrils. Eso sí, en el caso de Sergi, una paz tensa se adueña de la escena y propone un hálito de confianza, de esperanza, y hace que pensemos que el mundo es aún un lugar hermoso, que siempre lo ha sido. O al menos que es posible. En eso recuerda también a Julio Galán (1959-2006), si conseguimos no hacer demasiado caso de la etiqueta post-mortem que lo ha convertido en el artista del neomexicanismo pictórico y a la vez en el representante de un arte charro-gay (confieso que este último término lo acabo de inventar). En estos dos pintores, en Toral y Galán, al igual que en Cambrils, están presentes finos procedimientos técnicos que apenas se advierten en la estructura; los elementos metafóricos de una obra cargada de humor y sarcasmo; y una provocativa originalidad. Es especialmente similar Sergi Cambrils a Julio Galán en cierto aspecto de inmovilidad que adquieren las figuras y que me recuerda al mundo de los juguetes. ¿No les parecen sus figuras juguetes armados en una escena? Pero esta aparente rigidez es más bien la manera en que ambos artistas deciden crear un flujo anecdótico que nos permita atisbar su mundo imaginario, impresionantemente ejecutado. Es así como estos pintores se esfuerzan para que se revele la naturaleza del ser humano, y permiten que contactemos con los lados más desconocidos, o mejor retenidos, de nosotros mismos. Pero para Cambrils, además, la pintura es una manera de comprometer su historia personal, su vida en Peñíscola, sus vecinos, las tradiciones, las fiestas… eso significa que está lejos de cualquier propósito decorativo, lo que hace que su obra narre con maestría una visión de lo interior, donde casi siempre está presente una historia acechando, o un simulacro que se organiza en escenarios de un nostálgico mundo hermético que, sin embargo, es el suyo y el nuestro. Lo trivial constituye sólo una apariencia, pues es obvio que requiere un nivel más profundo de lectura y un conocimiento de la historia de las tradiciones, en este caso de Peñíscola. Desde sus primeras obras, Sergi Cambrils ha impuesto una forma personalísima de pintar que, como un cofre de juegos, acepta todas las técnicas; propone series de retratos de seres que parecen no conformarse con ser uno solo; nos enseña cuerpos que transcurren secretamente más allá de la figuración, que se mimetizan con las cosas, muchas veces con fina ironía; un festival de representaciones que toca la puerta de la realidad lo mismo que el sueño permanece como una ineludible presencia en el que está después despierto; el resquicio por donde Antoine de Saint-Exupery logró escapar de sí mismo. Es éste un mundo visual con cierta aura fantástica, una proyección sugerente en las asociaciones infantiles, es el misterio inquietante que emana de los objetos más cotidianos. Porque todo se hizo para ser pintado. Y el dibujo en Cambrils es el elemento que articula el mensaje de la obra, y sirve de vínculo entre la pintura y el argumento. ¡Señoras y señores, bienvenidos a la Gran Galería Octubre! ¡Niños y niñas, padres y madres, abuelos y abuelas! ¡Bienvenidos a la Gran Feria de Variedades! ¡Bienvenidos al Gran Teatro del Mundo! ¡Bienvenidos a Peñiscoleteando! Pasen, pasen y vean.

Arte callejero

Tras mucho tiempo sin saber de una amiga, Belén García Pardo, he retomado el contacto de una manera casual. Me ha sorprendido, al preguntarle en qué andaba metida, el que estuviera trabajando en torno al hip hop y sus expresiones artísticas en la calle. Me ha prometido una conferencia en Castellón, en Castalia Iuris, para el 24 de noviembre. Ya os lo anunciaré en el facebook de Castalia, pero de paso me ha hecho recordar algunas imágenes de arte en la calle, alguno más espontáneo y gamberro que otro, que me encantan. Os subo algunos ejemplos.
Y ahora lo que se puede hacer con un papel bien puesto...
Aprovechando una farola...
Aprovechando un árbol...
Aprovechando una alcantarilla...
Repintando el paso de cebra (no sé si es una campaña publicitaria)
Inventándose el metro...
Aprovechando una columna...
Jugando al tetris...
Aprovechando las parabólicas...
Aprovechando la salsa barbacoa...
Y aprovechándose de Bob Esponja...