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Cerveza

Algunas veces cuando reflexiono acerca de toda la cerveza que he bebido, me siento avergonzado. Pero luego veo mas allá del tarro y pienso en los trabajadores de la cervecería y sus sueños y esperanzas. Si no bebiera yo esta cerveza, ellos podrían perder sus trabajos y todos sus sueños se verían deshechos. Entonces me digo, Es mejor que yo me beba esta cerveza permitiendo que sus sueños se conviertan en realidad a que yo sea egoísta y me preocupe por mi hígado. 

Placer


Creo, con los epicúreos, que la vida es fundamentalmente placer. Aparte del placer sexual que es el más evidente, hay otros placeres importantes como el de la soledad y el de la compañía y el placer de dar placer y el de recibirlo y el placer de descubrir la belleza oculta de las cosas y muchos más que ahora no se me ocurren, pero que constituyen el placer de existir.

La vida en cautiverio


Lima es una ciudad enorme, de nueve millones de habitantes que ocupan todo estrecho espacio que el Pacífico y los Andes dejan. Poder pasear por el parque de los enamorados y el puente de los suspiros hasta la alameda (el de la canción) es un lujo aquí. Eso me hace pensar que los seres humanos nos hemos especializado en vivir reunidos, para lo cual construimos ciudades dentro de los bosques. Luego, para engañarnos, o quizá por una añoranza ancestral, construimos pequeños bosques dentro de las ciudades. Creo que esta paradoja se repite también en el interior de cada persona. A lo mejor por eso triunfan los programas reality tipo Gran Hermano, porque ya no interesa la vida salvaje en libertad, sino la vida civilizada en cautiverio.

Sexo nasal


La ola de calor no les dejaba dormir. Acostados prácticamente desnudos y con el aire acondicionado conectado, finalmente cayeron rendidos. Él despertó, entre molesto y sorprendido, al escuchar como ella roncaba por primera vez, probablemente a causa de tener la nariz reseca por el fresco artificial. Estando como estaban, espalda con espalda, él alargó la mano para mecerla a ella, hasta que un cambio de postura la silenciase, pero fue a tocar una suave y fresquita nalga. La invención del tanga es una de las pocas pruebas de la existencia de Dios. Aunque ella cayó por un momento, él dejó la mano posada sobre el culo de ella. Fue un tiempo breve, pues casi inmediatamente ella volvió a roncar. Entonces él decidió tirar del hilo del tanga y sustituirlo por su dedo índice. Ella callaba un instante para luego volver, primero a respirar fuerte, y luego a roncar cada vez con más sonoridad. Nervioso al no conseguir que dejara de emitir aquellos molestos ruidos, él acabó por meterle el dedo en su sexo. Mano de santo, o dedo, pues tras la penetración digital y tras un leve suspiro, se hizo el silencio. Temiendo haberse excedido en su batalla acústica, él retiró suavemente el dedo humedecido. Inmediatamente ella volvió a roncar. Si algo funciona no lo cambies, así que él volvió a meter de dedo. Y funcionó, hasta que al retirarlo ella volvió a roncar con sorprendente virulencia. Optó entonces por dejar el dedo dentro, pero, quizá acostumbrada a tener un intruso metido en su interior, ella comenzó a ronronear y terminó roncando otra vez. Él lo sacó entonces. Y de nuevo se escuchó un suave ronroneo como antesala de un fuerte ronquido. Observó él que si cambiaba de ubicación el dedo, de dentro a fuera y viceversa, y lo hacía justo cuando se iniciaba el ronroneo, evitaba el tan molesto ronquido, con lo que esperaba mantener un movimiento constante que le adormeciera otra vez. Pero, ¡ay, tierna inocencia! que el movimiento, pautado por el ronroneo de ella, no era constante sino suavemente in crescendo, hasta que al fin, y tras un ronquido que parecía más un alarido, ambos pudieron dormirse y descansar. Acababan de inventar el sexo nasal.

Amor y placer


Justo es que el hombre se entregue a la mujer por amor, pero cómo me gusta que la mujer se entregue al hombre por puro placer.