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A la poqueta nit


Amb motiu de la presentació avuí del llibre de Lorenzo Ramírez i un servidor, a la Casa dels Caragols, a les 7 de la vesprada, ací teniu un fragment:


A la poqueta nit del dia de Sant Fermí

–Xiquetes, Sant Fermí. –Saludà al ficar la cadira la senyora Pilarin.
–I que a mi els bous ni fu ni fa? –intervingué la senyora Adeleta–. Ja em puc passar el dia veient els encierros i les corregudes a la tele, ja...
–No es de bous del que volia parlar –li tallà la senyora Pilarin– si no del numero set. Heu vist el cartell de les festes de Pamplona? M’he adonat de que al set ja no li posen el palet! O heu vist? I a que no sabeu d’on ve el palet que es posa enmig del set?
–Jo encara, i crec que moltes persones, quan escriuen el número set ho fem utilitzant la barreta horitzontal en la meitat de la xifra com ens van ensenyar a l’escola. Oi? –manifestà a mode de protesta la senyora Adeleta.
–Avui en dia les tipografies modernes ho han fet desaparèixer, es cosa del ordinadors –explicà la iaia Sunsioneta, que per això era la culta i moderna.
–Però, sabeu per què ha sobreviscut aquesta barra fins als nostres dies? –Tornà a insistir la senyora Pilarin–. Dons, cal remuntar-se molts segles arrere, als temps bíblics. Quan Moisés estava en la muntanya del Sinaí, i li van ser dictats els deu manaments, ell, en veu alta, els va anar dient a la multitud un a un. Quan va arribar al sèptim, Moisés va anunciar: "No desitjaràs la dona de l’altre"...I llavors nombroses veus es van alçar cridant: Tatxa el set, collons, tatxa el set!" 

A mitad leer


Tengo varios libros abiertos por la mitad y los voy leyendo de a poco. Si pienso esto en términos de personas, en cuanto a relaciones, descubro que tengo a varias personas abiertas por la mitad a la espera de una lectura más consagrada, más profunda.

El asesino gourmet y el teorema de Ginsberg:


El asesino gourmet dice: 
"Salí de de la casa. En la calle llovía y el agua volvía más penetrante el hedor. El persistente olor a sangre se mantuvo en mi olfato hasta mucho tiempo después de estar en contacto con el cadáver. Fue entonces cuando avisé a la policía de forma anónima. Era consciente de que comenzaba a cumplirse el teorema de Ginsberg: 1.– No puedes ganar. 2.– No puedes empatar. 3.– Ni siquiera puedes abandonar el juego."
Si quieres leer más tendrás que comprar el libro (Castalia Iuris-Argot-Restauro Taller d'Art-Colorins-La Repro-Libristic.com-finisterraeediciones.com...)

El asesino gourmet. Primer día del diario


Sonríe, es lo segundo mejor que puedes hacer con tu boca
Olía a sangre. Aún antes de traspasar la puerta. Llamé, y como no me contestó nadie, abrí con la llave que me había dejado en custodia.
Entré. El olor cubría toda la casa. Temía acercarme al salón, pues a cada paso el hedor se sentía más definido, más fuerte, como si hubieran desangrado un cerdo en ese momento. 
Por primera vez era consciente de que la sangre tiene olor. Olía a carne combinada con hierro viejo. Extrañamente me atraía por serme familiar, pero no como la sensación que te pueda quedar tras sangrar por la nariz. Era otra cosa.
            Entonces vi a Javier. Estaba tendido en el suelo encharcado del salón sobre su lado izquierdo. Desnudo, ensangrentado. Sus manos atadas por una brida abrazaban sus rodillas. Le habían cruzado el palo de una escoba por el estrecho hueco que quedaba entre los antebrazos y el doblez de sus piernas, que quedaban así contraídas hacia su estómago, como en posición fetal. Sin darme cuenta comencé a silbar Balada para una despedida de José Luis Perales.
            Tras él, tirado en el suelo, una camisa floreada y unos pantalones cortos que posiblemente conformaban una horrenda combinación veraniega, a pesar de estar a punto de terminar el mes de octubre. Pensé que Javier, tras un tiempo viviendo en Alemania, debía de sofocarse con el calor mediterráneo de Valencia. De todos modos no podían verse bien los colores porque estaban totalmente empapados en linfa. Parecía como si se hubiesen derramado litros de plasma sobre todo el cuerpo.
            Me acerqué a su rostro, espanté las moscas y comprobé que era él a pesar de que le habían cortado las orejas y la nariz. Un gran tajo cruzaba su garganta. Pero la mayor parte de la sangre estaba detrás, recogida con su ropa, porque le faltaba parte de las nalgas. Me agaché y comprobé que, pegado por la sangre a los restos de lo que fue su mullido trasero, incrustado entre sus posaderas mutiladas, se encontraba su propio pene. Siempre había pensado que si podías confiar en algo, eso era en tu polla, porque seguro que ella nunca acabaría dándote por el culo. Pues me equivocaba.
El rastro bermellón que difícilmente contenían sus ropas continuaba goteante hasta la pequeña cocina. Sobre la encimera, teñida también de rojo, se veía una cebolla a medio cortar, una botella casi vacía de aceite de oliva virgen y un salero. Sobre el fogón apagado, una sartén con restos de cebolla pochada y flujo coagulado. A Javier le habían cortado el culo, habían rehogado su sangre con cebolla y sal, y todo parecía indicar que seguramente se lo habían comido. Sonreír es lo segundo mejor que puedes hacer con tu boca, lo mejor es comer.
            Ese era el olor familiar, el de una buena sangre frita con cebolla, hecha a fuego lento durante un mal cuarto de hora. Miré la sartén y la verdad es que al cocinero no se le había pegado nada.
Volví al salón. El ordenador portátil estaba destrozado. Cogí todos los papeles rotos de la papelera y los que pude de entre los que encontré esparcidos por el suelo, parecían partituras pero eran difíciles de reconocer porque estaban parcialmente tapados por charcos de humor rojo, botellas rotas, adornos destrozados, vasos, plásticos... Muchos folios estaban regados por los líquidos inidentificables que debieron estar custodiados en las ampollas ahora desperdigadas.
Recordé por qué estaba allí. Javier me había dejado la llave de su casa para que  le fuera revisando el correo. A la proximidad de mi casa respecto de su estudio se unía nuestra relación de amistad. Entonces vi la caja de música, milagrosamente intacta sobre la mesa. La cogí.
Salí de de la casa. En la calle llovía y el agua volvía más penetrante el hedor. El persistente olor a sangre se mantuvo en mi olfato hasta mucho tiempo después de estar en contacto con el cadáver. Fue entonces cuando avisé a la policía de forma anónima.
Era consciente de que comenzaba a cumplirse el teorema de Ginsberg: 1. – No puedes ganar. 2. – No puedes empatar. 3. – Ni siquiera puedes abandonar el juego.

Entrevista a Joan Feliu, per Alejandra Mariner. Mediterráneo, 11 de diciembre de 2011


Tras año y medio desde que publicara su primera novela, ‘Azogue’ con la que tuvo un notable éxito, el doctor en Historia del Arte y director de Castalia Iuris, Joan Feliu, vuelve a adentrarse en el mundo de las publicaciones con su segundo libro ‘El asesino gourmet’.

--- Por el título, cualquiera diría que le va la novela negra y el mundo culinario por igual.
Tengo tanta experiencia asesinando como cocinando. Todas las recetas que aparecen en el libro han sido tomadas de libros de cocina con algún que otro asesoramiento particular. Y lo de asesinar, no será por falta de ganas a veces, pero lo único que mato es el tiempo. Lo cierto es que el aspecto gastronómico es un aderezo en una historia que intento sea posible y a la vez excesiva, de ahí que me encuentre a gusto en la novela negra y el humor más negro aún. Escribiendo es la única manera en que tengo la sartén por el mango.

--- Tras su primera publicación con Bohodón Ediciones, lo hace esta vez con Finis Terrae. ¿Qué ha motivado este cambio de editorial?
La gente de Bohodón fue tan amable que no quería seguir engañándoles creyendo que habían contratado a un escritor de futuro. Finis Terrae está en Santiago de Compostela y allí todavía no me conocen. Además Bohodón está enfocando su línea editorial a la poesía y las publicaciones institucionales.

--- Véndanos su nuevo libro. ¿Por qué diría que merece la pena comprarlo?
Vale quince euros y puedes tenerlo dedicado, así que es un regalo original y económico para estas navidades. El libro habla de la música de Wagner y de la de Perales, de los Caballeros de la Mesa Redonda y del Santo Cáliz de Valencia, de sectas secretas y del Papa, de psicópatas y catequistas de confirmación; y tiene sexo, muertes y gastronomía. Seguro que encuentras algún tema que te guste, a no ser que seas una ameba.

--- Háganos una breve sinopsis del argumento que nos lleva hasta el asesino gourmet.
El protagonista, Ernesto Martín, profesor del Conservatorio Superior de Música de Valencia, aficionado a la cocina y experto silbador del repertorio de éxitos musicales de Perales, nos cuenta en un diario como descubre una noche el cadáver devorado de su amigo, el tenor Juan José Jurado. Iniciará entonces una investigación que, acompañado de Cordelia, una sensual y perturbadora catequista, le llevará a encontrar la relación entre la extraña muerte de su amigo, Parsifal, la ópera que estaba ensayando, el Santo Cáliz de la catedral de Valencia y las sectas secretas. Mientras tanto los asesinatos con fines gastronómicos se suceden.

--- Su novela tiene un gran número de episodios históricos relacionados sobre todo con el compositor Wagner y el Santo Grial. ¿De qué fuentes ‘ha bebido’ para ofrecer toda esa información?
Hace años tuve que realizar varios trabajos científicos sobre Wagner para una serie de conferencias sobre las relaciones entre la música y la pintura. Ha sido, por tanto, un proceso de documentación bastante largo que he reaprovechado. Además, la Asociación Wagneriana de Barcelona me ha proporcionado los datos que me faltaban para completar la historia.

--- Es autor de varios ensayos ¿Porqué se decide a escribir ficción?
No por dinero, aunque el ensayo se vende menos, y lo que se venda bien venido sea. Muchos escriben porque tienen una necesidad casi fisiológica de hacerlo. Yo no. Yo lo hago, como todo el mundo, incluidos los anteriores, los buenos y los malos escritores, por vanidad, porque quiero ser leído, y el ensayo no lo lee nadie. Afortunadamente la mayoría de los que leen son educados y a los que no les gusta lo que has escrito se callan las críticas para no ofender, así que pasas unos días de palmaditas en la espalda que van muy bien para la autoestima.

---¿Hasta qué punto hay en ella de ficción y de realidad?
Me gusta basar mis novelas en hechos reales, y todo lo que se menciona sobre Wagner y las fuentes documentales sobre la leyenda del Grial es absolutamente cierto. He cambiado algunos detalles sobre algunos elementos puntuales, pero no lo puedo contar aquí. Al final del libro se relaciona todo lo que es verdad y lo que no.

--- Aunque de temática diferente, repite con el talante de los protagonistas: el hombre que se convierte en detective casi sin querer, la mujer que le acompaña en su investigación, una abuela más que especial…. ¿Tan bien le funcionaron en su anterior novela?
Estuve incluso tentado de repetir con los mismos protagonistas, como si fuera una serie, pero me condicionaba demasiado y opté por recrearlos. Necesito interpretar los textos que escribo actuando como si fuera el personaje, para ver si él se expresaría o actuaría como yo lo estoy haciendo hablar, y supongo que no tengo demasiados registros teatrales. Estuve tanto tiempo hablando como Rogelio que cuando tuve que crear a Ernesto, ya éramos tan amigos que me daba pena matarlo del todo.

--- ¿En qué se diferencia de su anterior novela, Azogue?
En Azogue, mi pretensión era contar una historia dando una explicación entendible de los misterios de la alquimia, y subyugué los elementos literarios a ese fin, con lo que el ritmo era bastante plano. En ésta se cuidan más los aspectos narrativos, con capítulos muy cortos y de estructura similar, y sobretodo alternando distintos tipos de narradores para diferenciar los personajes.

--- ¿Dónde y cómo podemos encontrar su libro?
En Onda, de momento en Restauro Taller d’Art, donde pueden encargar la dedicatoria. Más adelante en las papelerías habituales. En Castellón en Castalia Iuris, y en general en cualquier librería en que se solicite. La editorial lo vende, o mejor, lo pone a la venta, en El Corte Inglés, La Casa del Libro y otros puntos de venta del estilo. También se puede solicitar en la propia web de la librería de la editorial (contra reembolso y sin gastos de envío) o descargar como e-book.

--- Y por último, desvélenos un secreto: ¿todas las ‘leyes’ con las que acaba cada capítulo, también se pueden encontrar en Google, o son parte de su imaginación?
El libro tiene un anexo dónde se dan los justos créditos. Una manía que me queda de cuando escribo ensayo. La mayoría de las leyes pertenecen, como digo en la publicación, a las ampliaciones que se han ido publicando como complemento a las Leyes de Murphy. Muchas se podrán encontrar en Internet fácilmente, porque son muy conocidas, pero yo he utilizado la recopilación de Arthur Bloch de Temas Hoy. Lo que no sé es si el tal Arthur las ha tomado de Internet. Otras tantas son adaptaciones mías de lecturas de todo tipo, de comentarios de amigos y de vez en cuando de cosas que se me ocurren no sé por qué.