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La amistad recuperada

Hablaron por teléfono toda la noche, deshicieron la costura que los ataba a otras vidas y taparon las grietas que habían crecido entre ellos. La distancia había hecho que sus diferencias parecieran ahora menos importantes. Cuando las primeras luces de la mañana los golpearon, estaban juntos otra vez, entrelazados.

El entierro de Antonio

El ataúd de Antonio fue bajado a la tumba. Antonio había planeado su funeral por adelantado, odiaba la idea de ser incinerado y deseaba ser enterrado junto a su hermana. María mantuvo su compostura, si lloraba ahora no podría parar. Frente a ella, sus padres, que no podían ni mirar. Entonces María alzó los brazos, y sus hermanos más jóvenes la sacaron del agujero. Vamos a casa, a la mierda la última voluntad, dijo.

La máquina del tiempo

Se quitó la capucha blanca y nos enseñó su cara picada de viruela. El resto de encapuchados mantuvo su anonimato. Sólo algunos asomaban la boca para escupir trozos marrones de tabaco. Nos miraban con odio no disimulado.
Una vez más, la máquina del tiempo nos ha fallado y estamos en un lugar peligroso, para mí y para mi hermosa novia negra.

Encuentro fugaz de una noche de verano

Vienes todas las noches y luego te vas sin despedirte siquiera. Ronroneante. Me la chupas y desapareces. Pero esta noche te esperaré despierto. Espero pillarte y te arrinconaré contra la pared. No te escaparás, maldito mosquito de mierda.

Iluminati

Ante los rumores y comentarios acerca de si soy un jesuita iluminati del lado oscuro, que paso mis noches custodiando los archivos secretos del séptimo sótano del Vaticano, vestido con una sotana hasta los pies y armado con una metralleta, sólo te puedo decir que de mi vida privada no hablo. Y más vale que tú tampoco. A buen entendedor pocas palabras bastan. Además, esta entrada no ha sido escrita, es producto de tu imaginación.

A veces pasa: una historia sobre el efecto mariposa

Antonio Pérez Cano, de nacionalidad española, casado, de 73 años de edad, fue corneado en la pierna derecha en el séptimo encierro de los Sanfermines de Pamplona de este año, aunque el incidente ocurrió realmente en Balham, al sur de Londres, mientras estaba comprando quesos.
Antonio Pérez Cano es natural de Correpoco (busquen ustedes la población cántabra y verán como es real), razón por la cual desde que se jubiló, y en un afán por reivindicar lo incoherente del nombre de su villa natal, pasa las vacaciones de verano en Pamplona, donde cada año y a pesar de su avanzada edad, desarrolla una impecable a la vez que frenética carrera por las calles empedradas de la antigua ciudad de Pompelon (como la llamaron Estrabón o Ptolomeo) delante de los toros.
Este año el señor Pérez Cano cedió ante las críticas de su esposa, preocupada por los riesgos que su cruzada toponímica suponía, y decidió disfrutar de las delicias del suroeste de Londres, emprendiendo una gira por Tooting, Balham y Clapham, culminando el tour pasando unos días en Brixton. Fue mientras visitaba Balham (que como todo el mundo sabe es un barrio del suroeste de Londres caracterizado por la simpleza de sus casas victorianas y sus tabernas, al tiempo que posee una atmósfera amigable y una gran población polaca) cuando se produjo el incidente.
Siendo su esposa doña Catalina Sánchez Carvajal una aficionada sin par, una fan, incluso una hooligan diría yo, de los quesos británicos, especialmente del conocido como Primula, variedad del cheddar famosa por llevar integrados trozos de jamón en el mismo, así como por su consistencia y densidad que hace que pueda ser fácilmente aplicado sobre galletas convencionales; y conociendo que es difícil de encontrar en el continente, la señora Sánchez Carvajal solicitó vehementemente a su esposo el señor Pérez Cano que se dirigiera presuroso a un supermercado local donde había una oferta de dos por uno.
No se imaginaba el señor Pérez Cano que se iba a encontrar con la zona de quesos invadida por una masa de pensionistas autóctonos y miembros de una asociación vecinal polaca decididos a comprar la mayor cantidad posible de tubos de tan delicado manjar. Fue durante la refriega por el pinrel cuando don Antonio resultó corneado en la pierna por el paraguas de doña Marjorie Hemingway, de 78 años de edad, de ascendencia anglosajona como indica su apellido y su pelaje albahío, exactamente al mismo tiempo en que los astados de la ganadería Fuente Ymbro protagonizaban un dramático y agónico séptimo encierro de San Fermín. Una multitud de compradores situados en el callejón que conducía al despacho de quesos bloquearon la entrada, causando un angustioso tapón de gente y provocando, en ese tramo, al menos 19 heridos, aunque ninguno grave.
He de destacar que Ernest Hemingway escribió sobre los encierros de Pamplona en su novela de 1926 The Sun Also Rises, publicada en España bajo el título Fiesta. Hasta aquí sólo cabría alertar de la coincidencia de apellidos entre el escritor y la agresora involuntaria, pero es que sorprendentemente doña Majorie Hemmigway también escribió un artículo para el boletín del Instituto Local Femenino titulado Get Free Groceries en el que animaba a las personas a buscar gangas en los supermercados locales por la mañana temprano. La novela de don Ernesto tuvo un efecto sorprendente en la popularización internacional de los Sanfermines, al igual que el artículo de doña Margarita en la presencia masiva de jubiladas en los comercios de la zona.
Cuando se le advirtió de tal efecto mariposa a don Antonio Pérez Cano, así como de la influencia del apellido Hemingway en su vida, éste se encogió de hombros y declaró: “a veces pasa”.

Publicado en Castelló al mes, octubre de 2013.

El error de Dios


En Correos debe haber una sección para las cartas que no pueden ser entregadas ni devueltas. Son aquellas cuyos destinatarios se han esfumado y que no llevan remitente. Supongo que deben ser conservadas durante un tiempo por ordenamiento legal, por si alguien las reclama. Me imagino las cartas de amantes que se piden perdón por algo, que quieren volver a estar juntos, y que proponen una fecha y un lugar para reencontrase. Me imagino la desilusión del remitente a ver que su amante no llega a la cita, asumiendo que no puede perdonar la falta cometida. Me imagino las historias de amor truncadas por un fallo del destino. Creo que todas esas cartas deberían conservarse eternamente, pues son las pruebas de un error de Dios.

Unicornios


Noé condujo al último de los animales al arca. La tarea había terminado y las lluvias vendrían pronto. Padre, dijo su hijo, no tenemos más espacio para estas últimas dos criaturas. No importa, dijo Noé, levantando la pasarela, de todas formas a nadie le gustan los unicornios.

El plátano mágico


El mono se subió a la cima del árbol para comer un plátano maduro que colgaba de él, pero tan pronto como lo peló, descubrió que era un plátano mágico, que le dijo: “No me comas, si me dejas vivir te prometo que te convertiré en un ser humano." "¿Y para qué quiero ser un ser humano?" preguntó el mono. "¿Para qué, dices? Bueno, los seres humanos son una especie evolucionada y muy inteligente, y también para no ser más un animal" "Ya veo... pero si me convierto en un ser humano, ¿tendré casa? ¿un coche? ¿trabajo? ¿una familia?" "Sí, sí, sí, no me comas, te voy a convertir en un ser humano muy rico y poderoso, con una mansión, un coche fabuloso, un gran trabajo, una amante esposa y dos hijos preciosos." El mono pensó en lo que el plátano le había dicho y , encogiéndose de hombros, se lo comió. E hizo bien.
(Pido disculpas a quienes llevados por el título pensaban en otro tipo de plátano).

Sexo nasal


La ola de calor no les dejaba dormir. Acostados prácticamente desnudos y con el aire acondicionado conectado, finalmente cayeron rendidos. Él despertó, entre molesto y sorprendido, al escuchar como ella roncaba por primera vez, probablemente a causa de tener la nariz reseca por el fresco artificial. Estando como estaban, espalda con espalda, él alargó la mano para mecerla a ella, hasta que un cambio de postura la silenciase, pero fue a tocar una suave y fresquita nalga. La invención del tanga es una de las pocas pruebas de la existencia de Dios. Aunque ella cayó por un momento, él dejó la mano posada sobre el culo de ella. Fue un tiempo breve, pues casi inmediatamente ella volvió a roncar. Entonces él decidió tirar del hilo del tanga y sustituirlo por su dedo índice. Ella callaba un instante para luego volver, primero a respirar fuerte, y luego a roncar cada vez con más sonoridad. Nervioso al no conseguir que dejara de emitir aquellos molestos ruidos, él acabó por meterle el dedo en su sexo. Mano de santo, o dedo, pues tras la penetración digital y tras un leve suspiro, se hizo el silencio. Temiendo haberse excedido en su batalla acústica, él retiró suavemente el dedo humedecido. Inmediatamente ella volvió a roncar. Si algo funciona no lo cambies, así que él volvió a meter de dedo. Y funcionó, hasta que al retirarlo ella volvió a roncar con sorprendente virulencia. Optó entonces por dejar el dedo dentro, pero, quizá acostumbrada a tener un intruso metido en su interior, ella comenzó a ronronear y terminó roncando otra vez. Él lo sacó entonces. Y de nuevo se escuchó un suave ronroneo como antesala de un fuerte ronquido. Observó él que si cambiaba de ubicación el dedo, de dentro a fuera y viceversa, y lo hacía justo cuando se iniciaba el ronroneo, evitaba el tan molesto ronquido, con lo que esperaba mantener un movimiento constante que le adormeciera otra vez. Pero, ¡ay, tierna inocencia! que el movimiento, pautado por el ronroneo de ella, no era constante sino suavemente in crescendo, hasta que al fin, y tras un ronquido que parecía más un alarido, ambos pudieron dormirse y descansar. Acababan de inventar el sexo nasal.

Desconeguts


Ben sovint, però també si més no ho espere, se m'apareix gent. Són desconeguts, o tal vegada van ser quelcom meu, i ja els he oblidat. Darrere de l'esglai inicial, la por va deixant pas a un sentiment d'impotència i de ràbia, perquè, per més interès que pose, mai amb si comunicar-me amb ningú. M'agradaria preguntar-los què tal els va per allí, en eixa dimensió tan diferent. Després, quan desapareixen, em quede molt trist durant hores, abraçat a les flors que solen depositar sobre la meua làpida.

Las esperas


A veces oigo cosas sobre las esperas... que desesperan. Un lunes a las ocho de la mañana José fue al ministerio con la intención de hablar con el ministro. En información le indicaron que debía subir hasta el sexto piso. Al llegar, en una recepción atestada de gente que iba y venía de manera esquizofrénica, le dijeron que el señor ministro no estaba, que volviera mañana. El martes a las ocho de la mañana José llegó al ministerio y subió directamente al sexto. El señor ministro estaba en una reunión, no pudo atenderle. El miércoles a las ocho de la mañana José, ante la misma recepción, se enteró de que el señor ministro había salido de viaje. El jueves a las ocho de la mañana informaron a José de que el ministro sí estaba pero muy ocupado. No importaba, él iba a esperarlo. Pasaron las horas y él seguía allí sentado, donde le indicó la empleada, junto a una frondosa planta. Nadie lo miró en ningún momento, parecía transparente, invisible. Y pasó el tiempo. José perdió la cuenta de los días, allí en el banquito era difícil saber si era lunes o jueves, porque todo era igual a la jornada anterior y a la siguiente. La única diferencia era la planta, que crecía despreocupadamente. Un día vio al ministro entrar en el despacho y quiso levantarse pero no pudo. Creyó que era una especie de entumecimiento total, ya que no sólo no podía levantarse, sino que no podía despegar las manos del regazo, ni los pies del suelo. Desde sus manos salían pequeñas raíces que se incrustaban en el pantalón, fundiéndose con la tela. Otras salían desde los zapatos rotos y se adherían con firmeza al suelo; algunas, las más finas, habían comenzado a meterse entre los resquicios de los azulejos. Quiso hablar, quiso gritar, pero no pudo despegar lo labios. Unos días después, sus manos eran parte del pantalón y ni siquiera él hubiera podido reconocer alguna forma en lo que antes eran dedos. Pero ya no le importaba. Seguía esperando, pero ya no al Ministro, ni siquiera recordaba el motivo de la espera. Ahora esperaba otra cosa, pero mucho más ansioso que antes, anhelaba los días en que tocaba regar.
La recepcionista cogió la baja, tenía la extraña sensación de que la observaban.
Columna publicada en Arrels, julio de 2012.

Zombies


Publicado en Castelló al mes, julio de 2012.
Llega un día y se desata una crisis mundial provocada por un virus desconocido que convierte en caníbales salvajes a los seres humanos. ¿Zombies? No tío, no son zombies, yo soy más original, estos son bestias sedientas de sangre, hambrientas de carne humana. El caso es que casi toda la población ha sido infectada por el terrible virus, pero existe un pequeño grupo de sobrevivientes conformado por un militar retirado trastornado por sus duras experiencias en Afganistán, una despampanante doctora en física cuántica con los pechos operados, un policía gordo afroamericano al que le falta una semana para jubilarse, y un pequeño niño, genio de la informática, con su perro viejo y ciego. Este pequeño pero valiente grupo viaja por toda la nación huyendo de los monstruos caníbales y llegan hasta un centro comercial. ¿Que ya has visto El amanecer de los muertos? Espera hombre, que no he terminado, digo que llegan a un centro comercial pero no pueden entrar porque un zombie que estaba en la puerta fumando, sin querer,  provoca una explosión que destruye el edificio antes de que nuestros héroes puedan acercarse. Bueno vale, son zombies, sólo quería ser un poco original. Y sí, pueden fumar ¿vale? Si vas a seguir poniendo pegas a mi historia no sigas leyendo y en paz. El caso es que al militar se le ocurre la idea de viajar hasta Springfield donde el gobierno tiene escondida una máquina del tiempo que capturaron a los extraterrestres en los años sesenta. Él lo sabía porque estuvo liado con una de la CIA, pero aquello no salió bien. A lo que iba que me pierdo, la idea es que viajan a los tiempos de Jesús para escapar lo más posible de las bestias sanguinarias. Sin embargo, el perro ha sido mordido y nadie se ha dado cuenta a excepción del niño, que no dice nada porque es lo único que tiene en la vida. Así, todos suben a la máquina del tiempo y llegan a Jerusalén en el año 30 antes de Cristo. Sí, antes. Primero llegan al año 30 antes de Cristo, se dan cuenta de su error y vuelven al año 30 después de Cristo. Pero el gordo poli afroamericano se había bajado para orinar detrás de una mata y va y se lo dejan. Cuando la máquina llega al 30 después de Cristo encuentran a su hijo porque el poli ya había muerto de lepra. Antes de morir le dijo a su hijo que esperara a sus amigos en el sitio donde él se había quedado, 30 años después, así que cuando llegan se encuentran al mulato de Jerusalén (era famoso), acompañado del mismo Jesús que estaba interesado en las apariciones y esas cosas. Antes de que el Mesías pudiera saludarlos, el perro se le echa encima y le muerde la mano. Jesús se convierte en zombie y se esconde en el sepulcro de Lázaro. A los cinco minutos salen los dos y atacan a todos. Eso explica muchas cosas. Los protagonistas se esconden con los apóstoles, que estaban preparando la cena, pero aparece Jesús con los ojos inyectados de sangre y espuma en la boca y muerde a los apóstoles. Éstos, a su vez, se comen al perro y al niño, mientras que el militar y la doctora logran escapar. Desde el monte Carmelo ven como arde Jerusalén, toman la máquina del tiempo y se marchan a la época de los dinosaurios para salvarse de la infección. El militar no se da cuenta de que la chica tiene una mordedura en la mano...

El accidente de aviación


En su último y desesperado intento de aterrizaje, el avión con los estudiantes del máster de la paz en su viaje fin de curso fue lanzado fuera de la pista por los fuertes vientos transversales, se dirigió hacia el acantilado y cayó sin control. Los pasajeros gritaron horrorizados al ver sus vidas pasar en un segundo, un segundo en el que pareció que el tiempo se detenía. Y así fue. El tiempo cesó su inexorable marcha por alguna extraña razón.  La puerta del avión se abrió lentamente. La luz que se proyectaba desde fuera era tan radiante como el sol. Los pasajeros del vuelo vieron como entraban sonrientes personas de trajes plateados que los tomaban de la mano y los invitaban a salir del avión. Fueron llevados a un gran salón donde los estaba esperando una multitud que les aplaudía y vitoreaba como a unos verdaderos héroes. Y lo eran, pues habían sido salvados de la muerte para poder cumplir una misión, ser partes de la reconstrucción de la raza humana en un mundo más allá de todo lo conocido,  libres de todos los vicios y la maldad del nuestro. Serían parte, junto con otros cientos de hombres justos y buenos, de la formación y desarrollo de una nueva y mejorada sociedad humana, más allá de los tiempos. En el avión, los hombres de los trajes plateados completaban la labor colocando cuerpos inertes en los asientos, cuerpos sin vida, sólo las cáscaras vacías para que nadie preguntara nada, para que nuestro  mundo siguiera su camino sintiéndose solamente un poco mas sólo.

La revolución de la evolución. Artículo de junio en Castelló al mes


La revolución de la evolución
Últimamente se está hablando mucho de internet como uno de los hitos que han revolucionado de manera incuestionable nuestro devenir, como lo fue en su día la máquina de vapor y la revolución industrial o la invención de la imprenta. No obstante, y sin desmerecer ninguno de los avances antes mencionados, en mi opinión, probablemente el cambio más grande en la historia de la humanidad tuvo lugar en la Edad de Piedra, cuando los nómadas-cazadores-recolectores se establecieron en sociedades y evolucionaron hasta convertirse en agricultores. 
Lo cierto es que nadie ha dado aún una explicación adecuada a por qué tuvo lugar ese cambio social, sobre todo porque yo creo que los cazadores suelen tener una existencia fácil y sin problemas en comparación con los agricultores (fíjense en que en la Edad de Piedra no existía el Seprona). Los cazadores sólo trabajaban cuatro o cinco horas al día, mientras que los agricultores con frecuencia tenían que trabajar desde el amanecer hasta el anochecer para alimentar a sus familias. Por tanto, es difícil imaginar que la transición de los cazadores a la sociedad agraria se llevó a cabo voluntariamente. No veo yo a los cazadores diciendo: “Si empezamos a sudar tinta currando como locos y plantamos estos granos, esperamos con paciencia a que maduren, los cosechamos, separamos los granos, los molemos hasta hacer harina, luego hacemos una masa con agua y levadura, y la horneamos hasta obtener un pan, bueno, difícilmente será más fácil que salir de la cueva y matar un ciervo, pero será un cambio chachi”. No sé, no me lo trago.
La respuesta al porqué las personas de repente empezaron a trabajar como agricultores, en lugar de recoger la comida que estaba disponible en la naturaleza que los rodeaba, no puede ser el deseo irresistible de comer pan blanco en lugar de jabalíes,  bacalao, bayas o frutos silvestres. Yo, tras mucho pensar he descubierto que el pan no es el único producto que se puede hacer a partir de cereales. Los cereales sirven sobre todo para elaborar cerveza.  Y esa es probablemente la razón principal por la que las tribus de cazadores de la Edad de Piedra se establecieron como agricultores. Los cazadores seguramente descubrieron la cerveza por casualidad, experimentaron la alegría que un par de cervezas o tres puede darte y pensaron: ¡Maldita sea, esto está realmente bueno! Así que reorganizaron por completo su sociedad con la intención de producir granos para elaboración de cerveza. Sólo más tarde debieron pensar en hacer pan, cuando descubrieron que si vives únicamente de cervezas puedes tener problemas de desnutrición.

Las pulgas


Cierto día, una pulga que vivía en un perro dijo a sus compañeras: Una vez yo oí decir que si uno se ubica en determinados puntos del cuerpo y ejerce presión al tiempo, puede tomar el control de cualquier animal, llámese gato, perro u hombre, hará lo que uno quiera. Propongo que hagamos grupos de a cincuenta pulgas, cada grupo tomará los puntos nerviosos más sensibles del perro, haremos guardia todo el día y cuanto llegue el veterinario tomaremos las posiciones y al tiempo todos pensaremos en que el perro muerda al veterinario, esos impulsos nerviosos subirán hasta su cerebro y tal cual sucederá. A la mañana siguiente cuando llegó el veterinario no pasaron cinco segundos sin que éste huyera despavorido después del cruento ataque que le propicio el animal.
La pulga fue levantada en brazos, por primera vez habían vencido al exterminador. Pero ese fue sólo el comienzo, pues decidieron seguir conquistando nuevos territorios y desde entonces no se sabe a ciencia cierta porqué en todos los países del mundo lo gobiernos han dictado medidas proteccionistas a favor de las pulgas, consideradas hoy en día patrimonio natural de la humanidad.

Un cert dia, una puça que vivia en un gos digué a les seues companyes: Una vegada jo vaig sentir dir que si un s'ubica en determinats punts del cos i exercix pressió al temps, pot prendre el control de qualsevol animal, cride's gat, gos o home, farà el que un vullga. Propose que fem grups de a cinquanta puces, cada grup prendrà els punts nerviosos més sensibles del gos, farem guàrdia tot el dia i quant arribe el veterinari prendrem les posicions i al temps tots pensarem que el gos mossegue al veterinari, eixos impulsos nerviosos pujaran fins al seu cervell i tal qual succeirà. Al matí següent quan va arribar el veterinari no van passar cinc segons sense que este fugira espantat després del cruent atac que li propicià l'animal. La puça va ser alçada en braços, per primera vegada havien vençut a l'exterminador. Però eixe va ser només el començament, perquè van decidir continuar conquistant nous territoris i des de llavors no se sap a ciència certa perquè en tots els països del món el governs han dictat mesures proteccionistes a favor de les puces, considerades hui en dia patrimoni natural de la humanitat.

Duelo


Sí, ese día lloré. Sabía por qué, mas no lograba entender, no era posible…  No quería pensar más en eso, ni recordar aquel fatídico día en que sin más, lo maté. Ni el ruido que producía a cada golpe recibido me detuvo, nada pudo evitar su muerte. Ahora, no podía evitar verlo, estaba en todas partes, en mi cuarto, en la calle, en la cara de mi madre. Sabía que era una locura, sobre todo porque lo hice por una razón justa, pero ni eso me consolaba. ¿Por qué si sabía que ahora estaba mejor? ¿Qué tenía aquel escarabajo para extrañarlo así?

Sí, eixe dia, vaig plorar. Sabia per què, mes no aconseguia entendre, no era possible…  No volia pensar més en això, ni recordar aquell fatídic dia en què sense més, el vaig matar. Ni el soroll que produïa a cada colp rebut em va detindre, res va poder evitar la seua mort. Ara, no el podia deixar de veure, estava en totes parts, en la meua habitació, al carrer, en la cara de ma mare. Sabia que era una bogeria, sobretot perquè ho vaig fer amb una raó justa, però ni això em consolava. Per què? si sabia que ara estava millor! Què tenia aquell escarabat per a estranyar-lo així?

Un món més feliç


El món seria un lloc més feliç si tots ens sinceràrem els uns amb els altres, així de fàcil. L'altre dia vènia conduint de tornada a ma casa després d'un dia pesat (no contents que vaja tots els dies a l'oficina, hi ha ocasions en què em demanen que treballe, t’ho pots creure?), i va i se'm travessa un taxi pel carril pel qual jo circulava amb la gràcia i precaució amb què els treballadors del volant solen procedir. Òbviament vaig haver de frenar a fons per a no xocar, i immediatament després vaig iniciar el protocol establit per a l'ocasió: esmentar sa mare i ensenyar-li al temps un dit determinat de la ma. Quan vaig veure que l'altre també m'ensenyava el seu dit vaig procedir, segons dicta la tradició, a abaixar la finestreta i a cridar-li: I a tu què et passa imbècil? I en això el taxista em respon: És que m'estic cagant. La veritat no vaig poder fer una altra cosa més que somriure i indicar-li amb la mà que no hi havia problema, que em disculpara i que continuara la seua carrera contra el rellotge. Em vaig estar rient quinze minuts.

La caída del imperio romano


Fundas un imperio, lo crías como a un hijo, lo engordas y cuando crees que todo ha salido bien y que veni, vidi, vici, te jode el que menos te lo esperas, ¿eh? quoque, fili mi?

El pasado nunca vuelve


Mientras paseaba por el centro comercial, recientemente, me topé con Ricard, un viejo amigo que conocí en mis bohemios años noventa. Nos saludamos con entusiasmo. Me alegró mucho verlo, y tenía muchas cosas que contarle. Tan grande fue la alegría que al abrazarlo perdió el equilibrio y cayó por la escala mecánica, dispersando sobre las barandillas a los compradores que estaban subiendo desde el garaje. No tuvo lesiones graves, pero estuvo temporalmente  inconsciente. Después de recobrar el sentido, le invité a tomar una copa, pero él ya no se alegraba de verme. Había perdido la memoria. A veces el destino nos confirma que el pasado no vuelve nunca.

Mentre passejava pel centre comercial, recentment, em vaig topar amb Ricard, un vell amic que vaig conèixer en els meus bohemis anys noranta. Ens saludarem amb entusiasme. Em va alegrar molt veure’l, i tenia moltes coses que comptar-li. Tan gran va ser l'alegria que a l'abraçar-lo va perdre l'equilibri i va caure per l'escala mecànica, dispersant sobre les baranes als compradors que estaven pujant des del garatge. No va tindre lesions greus, però va estar temporalment  inconscient. Després de recobrar el sentit, el vaig invitar a prendre una copa, però ell ja no s'alegrava de veure'm. Havia perdut la memòria. A voltes el destí ens confirma que el passat no torna mai.